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Las fotos denuncian y dan crédito a que la naturaleza, enfurecida y maltratada por nosotros, los terrícolas, no perdona ni reconoce las gotas de surdor que, día a día, salen del cuerpo para sostener la vida, alimentar la familia, crear un hogar, hacer parir a la tierra frutos y flores.

El colega Pastor Batista es el autor de estas imagénes que hablan de un poblado del sur de Las Tunas desolado, triste, abatido, mojado, gris, húmedo y solitario.

Ya se trabaja, pero las lluvias intermitentes lo complican por espacios de minutos y horas. La recuperación es una tarea dura. Quizás nunca, en los últimos tiempos, se había sufrido tanto por acá y perseverado como ahora. Las huellas de Ike están frescas, perviven en las casas sin techos, en los caminos rotos, en la falta de viandas, frutas, cosechas. Ahora Paloma las revitaliza, le suma otras desgracias.

Los tuneros estamos en pie de lucha. Con todo y tanto, hay optimismo y una decisión irrevocable. Volver a ser lo que éramos antes de que estos huracanes potentes y destructores nos mordieran el alma.

Por Graciela Guerrero Garay          Foto: Pastor Batista