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Bitácoras atmosféricas que demuestran la valía de la Revolución Energética

·        El refrán lo dice: No hay mal que por bien no venga. Esta nación del Tercer Mundo, bloqueada por 50 años por Estados Unidos, sufrió el brutal azote de dos grandes huracanes, Gustav e Ike, y la suerte no ha sido peor, justamente, por tener en sus directrices de desarrollo un programa llamado Revolución Energética

·        Su artífice, el líder cubano Fidel Castro Ruz, lo incluyó entre los  proyectos priorizados de la Batalla de Ideas, una estrategia de lucha política y económica encaminada a fortalecer los principios ideológicos y los frentes fundamentales, necesarios para la continuidad del  socialismo cubano e inherentes al proceso de transformaciones y perfeccionamiento de la sociedad

·        Sin minimizar la complejidad de los incontables problemas que ocasionaron a la estructura general del país el azote de los ciclones, gracias a la Revolución Energética los índices fundamentales de la recuperación marcan porcentajes prácticamente imposibles para naciones pobres y se pudieron ejecutar, en tan corto tiempo, acciones tácticas para enfrentar las emergencias y contingencias a lo largo y ancho de la Isla, sobre todo en las provincias más desvastadas.

Por Graciela Guerrero Garay

No hay mal que por bien no venga es un refrán que escucho prácticamente desde la cuna, en boca de los abuelos y nuestros padres. Una generación que sí sintió el rigor de la miseria que existía en Cuba antes del 59, cuando triunfó la Revolución.

El brutal azote de los huracanes Gustav e Ike, que prácticamente destruyeron la infraestructura general del país en menos de dos meses, saca a flote la sabiduría propia del refranero popular. Nada ha demostrado tan fehacientemente la valía de la Batalla de Ideas y el alcance de garganta profunda de la Revolución Energética como la llegada a la Isla de estos fenómenos atmosféricos.

De no estar creadas estas condiciones estratégicas de lucha en el contexto cubano, hoy los índices de recuperación del país no estuvieran en los niveles que están ni las familias cubanas hubieran recibido mejoras inmediatas en su calidad de vida.

Muy atacada por la prensa y la propaganda mediática – como todo lo que tiene que ver con esta nación Faro de América -, resultó  el nuevo proyecto de transformar lo relacionado con la energía, su consumo y los modos de empleos en las 14 provincias y los 169 municipios que la definen.

Recuerdo el tono burlesco con que se atacó y tergiversó uno de sus aspectos esenciales, dado el carácter humanista de su alcance y lo que reportaba en términos de aprovechamiento de la electricidad doméstica, con su ahorro consiguiente. La entrega de útiles de cocina eléctricos a cada núcleo familiar parecía “una locura”, cuando se hablaba de reducir consumo. Lo mismo que el cambio de bombillas y el resto de los efectos electrodomésticos existentes en la población por otros menos consumidores, de última tecnología y vendidos con facilidades de pagos mediante créditos, incluso hasta para los jubilados.

Lo cierto es que poco a poco, líneas, metros contadores y cuanto aditamento requiere el sistema fue reemplazado, luego de un analítico estudio, a lo largo y ancho del archipiélago y, aún cuando los potentes vientos de Gustav e Ike tiraron todo al suelo y el programa estaba en pleno proceso de ejecución, la Revolución Energética emprendida años atrás facilitó, mediante los grupos electrógenos, crear microcircuitos abastecedores y llevar la luz a los poblados oscuros.

En declaraciones a la colega Maria Julia Mayoral, del periódico Granma, el ingeniero Ricardo González, representante de la Unión Eléctrica (UNE), patentizaba que el Ike dejó a la región oriental sin enlace con el Sistema Electroenergético Nacional (SEN), pero hubo suministro en poco tiempo porque la termoeléctrica de Renté y más de 100 grupos electrógenos funcionaron como una gran isla; antes de iniciarse la Revolución Energética, tampoco era posible una solución de ese tipo, argumentaba el dirigente.

La factibilidad de estos equipos es justamente que se pueden trasladar de un lugar a otro, a la vez que permiten dar el servicio en tanto se trabaja en las averías. Por ello llegó la luz en tiempo record a las zonas desvastadas y se normalizó, dentro del desastre, el mayor número de entidades y servicios esenciales de la población, incluido el doméstico.

Cuando hoy Cuba expone al mundo que el 90 por ciento del servicio eléctrico está restablecido en las provincias fuertemente azotadas por estos huracanes y alguien se detiene, bajo cualquier estado emotivo, ante las imágenes y las realidades que sucedieron a Gustav e Ike, quiera o no, tiene que volver a la única fuerza que hace posible esta milagrosa realidad: Revolución, en todas sus dimensiones objetivas, Energética, Educacional, Social, Sanitaria, Humana.

Y no es cuestión de hacer política, como tratan de hacer ver las campañas mediáticas. Es defender la verdad, tener una ética consecuente con la vivencia cotidiana. Los problemas no están resueltos, todavía en Camagüey,  Pinar del Río, Isla de la Juventud, Holguín y Las Tunas unos 72 mil habitantes carecen de electricidad. Hay muchas líneas de subtransmisión que conectan pueblos al SEN que hay que normalizar, pero ahí están los grupos electrógenos y la vida sigue en las escuelas, hospitales, centros comerciales, instituciones, fábricas, gerencias, comunidades.

En tanto, cientos de hombres y mujeres trabajan noche y día, sin descanso, movilizados lejos de sus familias, durmiendo apuradas  y escasas horas, incluso al lado de los equipos. Es esa fuerza moral que arrastra a los cubanos en los grandes momentos de su historia.

Es la gran diferencia que no todos entienden al momento de medir la escala de valores. La virtud siempre está en los más, tanto en los que dan como en los que esperan. Y no es conformismo ni “lavados de cerebro”, es amor y pertenencia, es solidaridad.

Tal como dice el refrán. Este desastre atmosférico trajo la moraleja: Cuba y los cubanos pueden, tienen y saben multiplicar el oro de las ideas. Esta huracanada tiró por el suelo también esos violines discordantes que trataron de vender una imagen de desunión e inaptitud, de encrucijada al borde del derrumbe. Ahora, como hacia falta, las cosas están en su lugar y hay más claridad en lo que necesitamos para ese mañana irrevocable que seguimos construyendo.

A Gustav y a Ike le debemos este ciclón de corazones que nos salva de la inercia. Tenían razón esos viejos nuestros, no hay mal que por bien no venga.