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No hay desolación tras el duro latigazo

Por Graciela Guerrero Garay

Hace apenas unas horas el temible huracán Gustav salió al mar. El reloj marcaba entre las 9 y 30 de la noche y las 10.00. Atravesó Pinar del Río, la más occidental de las provincias de Cuba, luego de su ojo tocar tierra por un punto de la Isla de la Juventud. Este 30 de agosto del 2008 será memoria en la historia de los pueblos de esta zona cubana.

Los daños todavía no se han calculado en sus dimensiones reales. El tiempo no ha dejado hacer, ni acaso, lo imprescindiblemente necesario. La suerte es que este país tiene su defensa civil siempre lista para las eventualidades y hay toda una cultura del pueblo, cultivada desde las raíces propias del Gobierno y su Partido Comunista, para enfrentar estos fenómenos naturales e impredecibles.

Las afectaciones son cuantiosas. Tienen que serlo. En Las Tunas, mi terruño, se sintió la lluvia continuada y andaba entonces azotando a Haití. Estuvimos en Alerta Ciclónica durante dos días, hasta que cambió el rumbo. Ahora era el otro extremo de Cuba el que estaba en peligro. Se hizo realidad el pronóstico.

Pinar del Río, La Habana e Isla de la Juventud tienen muchos de sus árboles en el suelo. Tendidos eléctricos, inundaciones. En medio del huracán, categoría 4,  la Televisión Cubana se mantuvo ininterrumpidamente informando al país, cámara en mano, imágenes actuales y, donde no pudo, vía telefónica y Radio Aficionados fueron los asideros para llenar de actualidad las trasmisiones.

Muchos cubanos no han dormido en esta última semana de agosto. La máxima dirección del país siempre al tanto de todo, en los lugares, con la gente. Es una enseñanza y un estilo de trabajo creado y heredado de Fidel Castro. Todavía no puedo recordar el lugar donde no estuvo ante eventos de este tipo. Claro, estuvo en todos, siempre.

Cuba mañana domingo, el último de agosto, se levantará con nubes, agua y fango en su occidente. Oriente también espera sus chapuzones como el centro. Empezarán las duras jornadas de la recuperación, los nuevos “rompecabezas” por el futuro más cerquita, inteligente y de todos.

No será fácil. Nunca lo es ni ha sido hasta aquí. Es rehacer lo hecho, quitarle a la novedad para reconstruir lo que era tangible. Nuevas exigencias, retos, ritmos y algoritmos. No importa.

Gustav se llevó calles, árboles, techos, desdibujó campos, cosechas, casas…pero jamás se podrá llevar la esperanza y la tenacidad de los cubanos. El ciclón nuestro está en el pecho y hasta ahí no llegan los huracanes. Esto también está demostrado.