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Por Graciela Guerrero Garay

Estoy en una provincia lejana de La Habana, Las Tunas, un Balcón que abre sus puertas al oriente del país. Hoy es domingo 24 de febrero. Es normal, mas está marcado nuevamente por la historia. Se constituye, a las 10.00 de la mañana, en el Palacio de las Convenciones, en la capital cubana, el Parlamento y se elegirán los miembros del Consejo de Estado, el Presidente de Cuba, Vicepresidentes y Secretario.Por primera vez Fidel Castro Ruz no estará en la lista de los candidatos. En un gesto que valida su calibre humano y militante, renunció el pasado día 18 a su cargo de Comandante en Jefe y declaró que no aceptaría ser electo para el escaño de Presidente que, con altruismo y esfuerzos sobrehumanos, hizo de esta Cuba un faro en América Latina, levantó una Patria nueva desde 1959 y repartió el amor de la justicia por muchas geografías del planeta.La noticia tuvo el impacto propio de los sucesos que tienen pedestal en el alma de los pueblos. Y este pueblo es Fidel y Fidel es el pueblo, pero los cubanos entendemos que su enfermedad le impide la movilidad de siempre, como él, auténtico y leal, dijo en su mensaje. Mas, no hubo miedo, desconfianza, reyertas, huelgas. Cuba siguió su vida normal, aquí y en cada centímetro de tierra. La voluntad de seguir con una Revolución cada vez más de todos y más perfecta, está dicha hace un siglo… y más.Hoy domingo 24 de febrero vuelve a reinar la calma acostumbrada. En mi barrio los chicos juegan al filo de la acera. Mi nuera, una adolescente de 16 años y estudiante del segundo año de especialidad técnica de Operadora de Micro, salió bien temprano, vestida de uniforme escolar, hacia una actividad del politécnico. El panadero anda, en su bicicleta azul, repartiendo el pan. MI vecina fue a la misa de la iglesia cercana y ahora mismo, un pregón, anuncia que vende caramelos.Cuba y sus cubanos. Nosotros, los mismos. Los que creemos en el mejoramiento humano, aunque no seamos perfectos. Los que fuimos en masas a las urnas para elegir a los que hoy, en La Habana, seguirán con nosotros. Los que confían y en los que confiamos.  Falta poco para las 10.00 de la mañana. Sea quien sea el Presidente de Cuba, el de la Asamblea Nacional, nunca será extraño.Lo elegimos todos, incluso hasta lo podemos conocer del barrio, porque en Cuba, en Las Tunas, por doquier, con defectos y virtudes, todos somos uno como los mosqueteros. Alguien puede dudar, condenar y tergiversar lo que quiera y pueda. Nosotros, los tuneros, los cubanos, yo, mi familia, mis amigos, mi barrio y mi país ya aprendimos que los caminos pueden tener piedras, pero se pueden andar. Y andaremos por una sociedad mejor, un socialismo más puro y una historia cada vez más nuestra.La calma de este domingo, sus detalles, sus soles y sus voces, me dan esta certeza. Ya casi son las 10.00 de la mañana. Estoy feliz. Mi Isla, Cuba, está llena de sol y de alegría.