Por Graciela Guerrero Garay
El agua no es una tragedia local ni nacional. Las guerras del agua hace tiempo ocupan la mente de los científicos y desvelan a los naturalistas y ecologistas de todo el planeta. El cuidado del medio ambiente tampoco es una fiebre de locos por “el verde”. El hombre sabe desde mucho que tiene su cuota de responsabilidad en la pureza del oxígeno que lleva a sus pulmones. Sin embargo, se aferra a usar orejeras como las bestias de corral. Ha degradado su medio.
Hace minutos recibí, a vuelta de correo electrónico, esta carta fechada en el año 2070. Quizás, para muchos, sea una broma más o una simple cadena de esas que inundan a diario los servidores del mundo. Pero no; es una suerte de canto, como el Padrenuestro Latinoamericano que llama a la libertad del cóndor o las palomas. O un vía crucis, donde se salva o se muere. Júsguela. Confío que podrá recordarla mañana, ahora, cuando le llegue una pipa al barrio o ande, cubos en manos, buscando dónde cae una gota de ese líquido de vida por sus alrededores, como sucede en este oriental territorio cubano, Las Tunas, azotado por una intensa sequía que prevalece y se agudiza. Pero si usted tiene el privilegio de tener agua, no la derroche. Hay hechos donde las palabras están de más. Esta es la carta.

Año 2070
Acabo de cumplir los 50, pero mi apariencia es la de alguien de 85. Tengo serios problemas renales porque bebo muy poca agua. Creo que me queda poco tiempo. Hoy soy una de las personas más longevas en esta sociedad. Recuerdo cuando tenía 5 años: todo era muy diferente.
Había muchos árboles en los parques, las casas tenían hermosos jardines y yo podía disfrutar de un baño de regadera hasta por una hora. Ahora usamos toallas empapadas en aceite mineral para limpiar la piel.
Antes, todas las mujeres lucían su hermosa cabellera. Ahora debemos afeitarnos la cabeza para poder mantenerla limpia sin agua. Antes, mi padre lavaba el auto con el chorro de la manguera. Hoy los niños no pueden creer que el agua se utilizara de esa forma. Recuerdo que había muchos anuncios que decían "cuida el agua", sin que nadie los tomara en cuenta, pensábamos que el agua jamás se podía terminar. Ahora, todos los ríos, presas, lagunas y mantos acuíferos están irreversiblemente contaminados o agotados.
Antes la cantidad de agua indicada, como ideal para beber, era de ocho vasos al día por persona adulta. Hoy solo puedo beber medio vaso. La ropa es desechable, con lo que aumenta grandemente la cantidad de basura; hemos tenido que volver al uso de los pozos sépticos, como en el siglo pasado, porque ya las redes de desagües no se usan por la falta de agua.
La apariencia de la población es horrorosa; cuerpos demacrados, arrugados por la deshidratación, llenos de llagas en la piel por los rayos ultravioletas, que ya no tienen la capa de ozono que los filtraba en la atmósfera. Inmensos desiertos constituyen el paisaje que nos rodea por doquier.
Las infecciones gastrointestinales, enfermedades de la piel y de las vías urinarias son las principales causas de muerte. La industria está paralizada y el desempleo es ramático. Las plantas desalinizadoras son la principal fuente de empleo y te pagan con agua potable en vez de salario.
Los asaltos por un bidón de agua son asunto común hoy en las calles desoladas. La comida es 80 por ciento sintética. Por la resequedad de la piel una joven de 20 años luce como si tuviera 40. Los científicos investigan, pero no hay solución posible. No se puede fabricar agua. El oxigeno también se ha degradado por falta de árboles, lo que disminuye el coeficiente intelectual de las nuevas generaciones. Se ha alterado la
morfología del espermatozoide de muchos individuos, como consecuencia hay muchos niños con insuficiencias, mutaciones y deformaciones.
El gobierno, incluso, nos cobra por el aire que respiramos. La gente que no puede pagar es arrojada de las "zonas ventiladas", dotadas de gigantescos pulmones mecánicos que funcionan con energía solar. No es de buena calidad pero se puede respirar; la edad promedio es de 35 años.
En algunos países quedan manchas de vegetación con su respectivo río, fuertemente custodiado por el ejercito. El agua se ha vuelto un tesoro muy codiciado, más que el oro o los diamantes. Aquí en cambio, no hay árboles porque casi nunca llueve, y cuando llega a registrarse una precipitación, es de lluvia ácida. Las estaciones del año han sido severamente transformadas por las pruebas atómicas y la industria contaminante del siglo XX.
Se advirtió entonces que había que "cuidar el medio ambiente". Y nadie hizo caso. Cuando mi hija me pide que le hable de cuando era joven le describo lo hermoso que eran los bosques, le hablo de la lluvia, de las flores, de lo agradable que era bañarse y poder pescar en los ríos y embalses, beber toda el agua que quisiera, lo saludable que era la gente.
Ella me pregunta: Papá, ¿Por qué se acabó el agua?!. Entonces, siento un nudo en la garganta; no puedo dejar de sentirme culpable, porque pertenezco a la generación que terminó de destruir el medio ambiente o, simplemente, no tomamos en serio tantas
advertencias. Ahora nuestros hijos pagan un alto precio y sinceramente creo que la vida en la tierra ya no será posible dentro de muy poco, porque la destrucción del medio ambiente llegó a un punto irreversible.
¿Tiene dudas? Ojalá que no, porque en nosotros está el destino de ese tiempo futuro. Nuestros nietos esperan. Actuemos ahora. Algo aún se puede hacer.