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El juego de la “otra casita” (Parte II)

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La familia jamás puede ser reemplazada en la responsabilidad que tiene con sus miembros más jóvenes. El dogma que testifica que “la educación empieza en la cuna…” hay que potenciarlo. La sociedad influye, pero la virtud, el compromiso, la educación y la asunción de una conciencia colectiva, ciudadana, convencida, convincente y coherente con los patrones, ideas, principios y preceptos del hombre se cultiva dentro y desde el primer día.

 

 

Por Graciela Guerrero Garay   Fotos: Lloansy Díaz Guerrero

 

Para Yelaine Martínez, estudiante de la Facultad de Periodismo de la Universidad de Camagüey, el desarrollo de posturas negativas recae, entre otros factores, sobre el hecho de que se aplauden, aceptan y “hasta parecen populares”. Ella, joven también y sin sentirse excluida del fenómeno social que exterioriza y estereotipia ciertas manifestaciones de la juventud en estos principios de siglo, percibe que muchos se sienten tentados a “simular ser” para entrar a un determinado grupo de amigos, escapar de una familia demasiado protectora o, simplemente, para ganar “guara”.

 

 

Las reflexiones de Yelaine no difieren de la otros estudiantes universitarios que, con un poco más de edad, madurez y, a veces, amargas experiencias de vida comprenden – o les hacen comprender- que el “tremendismo” juvenil es dañino de cualquier manera y que el paternalismo tutoral, a largo o mediano plazos, es fuente de patrones errados de actitud y aptitud, generadores de rasgos egoístas, irresponsables y desvirtuadores de los valores esenciales promedios que, como línea personal y social, debe llevar en sí todo ser humano.

 

 

La adolescencia, a partir también de estudios consumados, es para muchos especialistas una etapa de la vida en que se adolece justamente de una personalidad acabada. A este distingo se le acarrean las contradicciones propias de la edad en sí misma y la rebeldía y resistencia a escuchar y aceptar, elementalmente,  cualquier criterio que se oponga a lo que el joven cree normal, ya sea por seguir las corrientes de la moda o el sentido de existir que le “regala” el hogar o la sociedad.

 

 

¿Ellos o nosotros? , fue la interrogante que dejé abierta en la primera parte del tema. Ahora vuelvo sobre los pasos y continúo citando las palabras de esta futura colega: “vivo frente a una ESBU, la Reynaldo Domínguez, y me asombro de las palabrotas que dicen algunos muchachos e incluso, muchachitas. Una persona de mayor edad me decía que es muy difícil escuchar a alguna jovencita hablar de otro tema que no sea de novios, o algo así. Muchas veces la educación que se les da en los hogares no es la más indicada, algunas  familias pecan de desinteresadas, otras de liberales y otras de apañadoras.”

El Licenciado Israel Álvarez Serrano, juez por más de 16 años, testificaba que entre los comisores de delitos tienen un peso importante los jóvenes entre 16 y 30 años. Y detrás del suceso afloran irregularidades en el medio familiar o social, alcoholismo, drogadicción, pobreza, carencia de patrones morales, frustración, sensación de abandono o rechazo y la impulsividad de origen neurótico, entre otros.

 

 

Estos problemas limitan el grado participativo de la juventud en la sociedad,  condicionan la apatía y la mayoría de las conductas chabacanas, groseras, irrespetuosas, tumultuosas y violentas que rompen los códigos morales, la instrucción y la educación que reciben desde la más temprana edad.

 

 

ESPONJAS DEL BIEN Y EL MAL

 

 

El análisis del comportamiento de la juventud, fundamentalmente, lejos de lo que pudiera pensarse, se lleva de manera constante a todos los predios estatales que les son afines. En 1998 el VII Congreso de la UJC develó aspectos hasta entonces exclusivos de puertas cerradas. La FEU reconocía en su VI Congreso, en 1999, que “aún un número importante de brigadas no son un espacio de debate franco y abierto”.

 

Nunca fue desconocido a ninguna instancia que la crisis económica traería aparejada manifestaciones discordantes y riesgos sociales, más cuando niños y jóvenes no son entes aislados del contexto doméstico y estructural de la sociedad. Pero, aún así, no puede catalogarse este fenómeno como reflejo de la mayoría, aunque resalte por encima de lo comúnmente lógico y dialéctico a partir de nuestros patrones conductuales históricos, los valores morales trasmitidos de generación en generación, revitalizados y renovados por el sistema educacional y como política priorizada del proceso revolucionario, desde todos los puntos de vista.

 

En algún momento se nos perdió una ficha, tampoco hay dudas. Y no creo que la cuestión sea cuestionar si la casa o la escuela, ambas se complementan. Pienso con absoluta responsabilidad, que los padres tienen que tomar las bridas de la educación de sus hijos y responder por sus actos desafectos, por mínimos e intranscendentes que sean.

 

Los niños y los adolescentes son una esponja, del bien o del mal. Si usted grita, gritarán. Cuando se habla de “ejemplo” no se está pintando un arquetipo, es un arquetipo. Y la prueba está en que las familias que, no importa donde soplen los vientos, mantienen sus raíces, ejercen la autoridad, exigen con la fuerza de la moral y el esfuerzo, dan el justo valor a lo que tienen y deben a este proyecto nuestro, tienen hijos disciplinados, con resultados docentes, solidarios, educados, respetuosos, sanos de mente y alma y con deseos de dar porque saben lo que reciben.

 

 

Si hay otro bando es porque se ha cultivado con el día a día, debilitado la armonía y sobredimensionado cualquier reto o disyuntiva existencialista. La grosería que se manifiesta en nuestras calles no toda tiene rostro infanto – juvenil. Hay argumentos, cifras, casos y hechos que corroboran que los adolescentes inclinados al alcohol tienen un padre o familiar adicto. Lo mismo pasa con la prostitución, el robo, la chusmería, la bulla, el desgano para afiliarse a una organización política, despreciar una profesión, renegar del campo, subestimar una idea, aplaudir el consumismo, la inmodestia, el ego.

 

MÁS OJOS SOBRE EL ASUNTO

 

En conversaciones con cinco maestras primarias de distintas escuelas, seminternas y no, hubo una arista común en las respuestas: en estos últimos años los alumnos son más inquietos, muchos se distraen con mayor facilidad, las tareas denotan falta de estudio o, simplemente, no se hacen. Y “muchos problemas”, es el tema recurrente en cualquier contacto con la familia.

 

 

En la enseñanza secundaria el tema se complica más. Las transformaciones del sistema de enseñanza requieren, obviamente, más dedicación de docentes y educandos. Han sido tiempos de grandes tensiones para el sector de la Educación y el déficit de profesores, por un lado, lo novel de otros tantos, y la readaptación al cambio de los más, también dejan sus aguaceros en el asunto.

 

 

Daymé Suárez Linton, una profesora con experiencia, resultados y trayectoria como directora en la Enseñanza Media, aseguraba que la familia ha tenido que afrontar serias y variadas complejidades en estos últimos tiempos y que todo eso se refleja en la actitud de los estudiantes. Sin evadir la responsabilidad escolar, educativa e instructiva de la escuela, deja sentado que no siempre las conductas inadecuadas puede resolverlas el profesor sino hay una interiorización y un apoyo consciente de los padres.

 

 

Por demás, me argumenta un profesor de Educación Física, es que la mayoría de las indisciplinas sociales que cometen los jóvenes suceden fuera del periplo de la escuela. Y ponía énfasis en la recurrente “tiradera de piedras, juegos de manos, malas palabras o pleitos tanto entre hembras como varones”, al tiempo que destacaba que la indiferencia social a estos hechos es total. Ya nadie regaña a un muchacho, tiene que ser que lo conozca, concluyó.

 

Indistintamente, sobre este particular, preguntamos al azar a 15 personas, de ambos sexos, mayores todas de 30 años, y sus afirmaciones dieron razón a Jorge López. “Yo no me meto, eso es buscarse un insulto o un problema con los padres”, fue el común denominador en la respuesta de todos.

 

 

¿CAMISAS DE FUERZA O LA HOJA DE LAUREL?

 

 

La diversidad de proyectos de vida, de ideas que hoy conviven y generan los individuos, nos obligan a buscar alternativas para fortalecer nuestra sociedad en la que queremos que predomine la armonía, el respeto y el compromiso social entre sus miembros,  dice la doctora Natividad Guerrero Borrego, del Centro de Estudios sobre la Juventud, en su investigación La juventud cubana y sus perspectivas. Estado actual de las investigaciones sobre Juventud.

 

Como un duende, mi recurrente pregunta vuelve a la cuartilla: ¿ellos o nosotros? No se trata de yo ordeno y mando – trata de explicarme el viejo Víctor Molina, padre, abuelo y tatarabuelo de una generación de “gente decente y trabajadora”, como él enfatiza. La autoridad paterna decide el futuro de los hijos y la familia. Desde chiquitos los enseñé a trabajar. Los que nacieron antes de la Revolución, se hicieron profesionales después, con la Revolución, pero trabajaron siempre y mantuvieron a sus esposas e hijos. Los de esta Revolución, dos, estudiaron y uno es ingeniero y el otro obrero calificado. Mis nietos todos tienen algo útil, técnicos, arquitectos, administradores.

 

 

 “Yo no creo el cuento de que la juventud está perdida, la hemos perdido nosotros, que nos quejamos por todo y queremos todo sin esfuerzo y lucha. Yo si los regaño, estas canas hay que respetarlas, pero no me tires foto, yo lo que quiero es que los padres sepan que si se educa bien, buenos te salen”.

 

 

Respeté su voluntad, no hay fotos. Pero como me dijo Galván, un jubilado de las FAR y también con una familia de profesionales respetados y queridos, este es el país de los abuelos. En ellos debemos detenernos un poco los “padres modernos” y no llevar tan prisa la vida, aunque esté montada sobre ruedas, con espinas y flores incluidas.

 

 

Ni camisas de fuerzas ni hojas de laurel. Hay que ser creíble y coherente. La perspectiva de la juventud cubana desde una mirada llena de optimismo, es la de salir adelante, la de alcanzar una cultura general integral incuestionable, hay capacidad en los recursos humanos con que se cuenta para avanzar hacia un desarrollo humano superior, para aproximarnos a mejores niveles de vida.

 

 

No faltarán las dificultades, porque la sociedad es todo eso, lo bueno y lo malo, lo adecuado y lo inadecuado, lo positivo y lo negativo, junto a una gama increíble de matices, eso somos, pero debemos defender este proyecto social que se orienta cada vez más hacia el bienestar de sus miembros, de sus actores, y yo centro las esperanzas en esta juventud que se está formando y que sabrá en su momento hacer estas ideas sostenibles, resalta Natividad Guerrero.

 

La vida está aquí para tener la certeza. Quizás lo ideal, lo que en verdad nos corresponde, es ser más padres y no apuntar tanto para ellos. El índice, ese dedo acusador y crítico, puede que esté sobre nosotros.

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31/01/2010 23:23. tugrace #. Periodismo de Investigación No hay comentarios. Comentar.

El juego de la “otra casita” (Primera Parte)

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El comportamiento juvenil recibe las miradas más críticas de la sociedad. Las quejas parecen estar siempre ahí, en el índice de todos. Los jóvenes, por su parte, no se sienten “tan malos” y creen que actúan tal como son. De otro lado, las estadísticas muestran curvas diversas que dan síntomas de que no siempre y en todo momento hay que aplaudir conductas. La delincuencia juvenil ha crecido en los últimos años.

Por Graciela Guerrero Garay   Foto: Lloansy Díaz Guerrero

La teoría del vaso “medio lleno o medio vacío” está de moda. Para muchos, sobre todo los optimistas, es una manera de ver el lado bueno de las cosas. Sin embargo, algunos analistas apuntan que no es una teoría propiamente dicha, sino una actitud de vida.

Sondear e investigar sobre el comportamiento juvenil en estos justos momentos de cambios de nuestra sociedad y el emplazamiento a buscar cada vez con más necesario empeño su mejoramiento, me la trajo a punta de “lapicero”. Los jóvenes creen que actúan tal cual son, al menos, la media de los entrevistados, que abarcó un universo aleatorio de ambos sexos, entre las edades de 12 a 35 años.

Los adultos entrevistados, de todas las categorías sociales, los señalaron con el verbo y el índice. Para 25 de los 45, un 55, 5 por ciento de la muestra, dijo que eran desobedientes, mal educados, protestones, rebeldes, haraganes, independientes, indisciplinados, desordenados y libertinos.  El resto lo calificó como inmaduros, groseros y desmotivados para el estudio y el trabajo. Aunque también le pegaron otras etiquetas: son jóvenes, uno a veces se le olvida que lo fuimos.  Se parecen a su tiempo. Hay que hacer algo con ellos, ni en la casa ni en la escuela se saben comportar.

De cara al asunto, parece que no hay nada virtuoso en la juventud de hoy o que todos, sin excepción, se comportan y asumen conductas públicas y privadas indeseables. No es así. Todos lo sabemos, aunque no es menos cierto que hay un número – quizás acrecentado en la última década- que puede merecer esta adjetivación de marras. 

 

¿EN QUÉ CAMPO ESTÁ LA PELOTA?

La doctora Natividad Guerrero Borrego, del Centro de Estudios sobre la Juventud, en el Boletín Academia, del Colegio de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad de La Habana, publica un artículo donde resalta que El nuevo milenio presenta el contexto social cubano con más certidumbre para toda la sociedad y en especial para la juventud. Después de la década de los años 90, se vislumbra un proyecto social que enfatiza las acciones educativas y de empleo, esencialmente en el sector más joven de la población, y el Comandante Fidel Castro se esmera por crear las condiciones para que tanto niños, adolescentes y jóvenes así como los adultos, hagan suyas las ofertas que, tras las estrategias de “La Batalla de ideas” se suscriben a favor del fortalecimiento de la cultura general integral.”

La afirmación no deja margen a dudas. Los Programas Priorizados abrieron puertas a cientos de miles de jóvenes que se habían desvinculado del estudio y el trabajo y se dedicaron, ante la crisis aguda del Período Especial, al fenómeno del jineterismo, el proxenetismo y el trabajo por Cuenta Propia. Un camino, al parecer, más fácil que el de asumir las convocatorias que exigen inversión de tiempo, dedicación y madurez, desde el prisma conceptual que tipifican dentro de la lucha por el desarrollo individual y colectivo.

Aún así, la respuesta fue positiva y los Cursos Integrales de Superación para Jóvenes es la prueba más tangible. Hasta los exreclusos se insertaron y encontraron el lugar abandonado por sí mismos. Sin embargo, como argumenta esta misma investigadora, no todos se integraron. La causa puede que esté en la diferencia y diversidad humana que conforma toda sociedad. “Si de valores se trata, estamos conviviendo con varias filosofías, entre las que se destacan la filosofía del tener y la filosofía del ser. Visto así, nos quedaría por trabajar y defender aquella que pueda favorecer el desarrollo humano, aquella que capacite a hombres y mujeres para que se proyecten hacia la elevación del bienestar social, estamos hablando entonces de la filosofía del ser”, recalca Natividad.

El muestreo realizado lo corrobora. Un 20 por ciento de los padres alegaron que “cuando los muchachos crecen, es muy difícil controlarlos. Ya se gobiernan”. Y detrás de esta respuesta genérica, derivan otras: “la escuela no cumple bien su papel”. “Si el vecino sale, el mío quiere salir también”. “Imagínate, a todos les gusta presumir y hay que buscar dinero. Lo que pagan por estudiar no da ni para un par de zapatos. Hay que pensar en eso.”

Chicas y chicos también opinan. “Mis padres no me pueden dar todos los gustos, quiero trabajar, pero lo que ofertan no me gusta”. Este punto de vista, con unas u otras palabras, prevaleció en el 35 por ciento de los varones encuestados. Las hembras, más conservadoras quizás, alegaron en mayoría que prefieren las carreras técnicas, porque son más cortas, no todas se hacen becadas y existe la posibilidad de encontrar “un amor que las mantenga y complazca”.

Estas complejidades jamás han estado al margen de los análisis y estudios sobre la juventud cubana, tanto en el contexto nacional como internacional, donde no es nada despreciable la negativa influencia que recibe, condicionada por los propios cambios y reconsideraciones a que se vio obligado el país ante la desaparición de la antigua Unión Soviética, la implantación de reformas económicas, la apertura al turismo y todo lo que entra, se copia y mal se interpreta de los paquetes comunicativos, ya sea mediante los medios de comunicación, las altas tecnologías o el comercio “inocente” del mundo de la farándula.

María Isabel Domínguez, del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS) de La Habana, destaca estos elementos en su trabajo “La integración social de la juventud cubana”, enunciando que “en medio de las complejas circunstancias que vive la Humanidad en las postrimerías del siglo XX, que han obligado a una reflexión internacional acerca de la necesidad de preservar y fortalecer los procesos de integración social de las distintas comunidades – regionales, nacionales y locales – el sector de la juventud requiere una mirada particular, pues ellos serán los que marquen la tónica del próximo siglo, al cual están arribando con un conjunto de problemas comunes como generación a pesar de las diferencias según el contexto concreto en que se desenvuelven, sus condiciones anteriores y sus perspectivas de futuro.

“En el caso de Cuba, las características del proceso revolucionario permitieron que, hasta la década del 90, la juventud pudiera permanecer al margen casi absoluto de las principales tendencias desintegradoras predominantes en el mundo y en particular en la región latinoamericana, y aún hoy, a pesar de la profunda crisis económica que hemos atravesado y que ha hecho surgir o tomar fuerza a fenómenos no presentes en etapas anteriores, esta tiene magnitudes o dinámicas de comportamiento en gran medida diferentes al resto de las sociedades de nuestro continente”.

Pero ello no nos salva de las alertas rojas y mucho menos podemos minimizar el menor síntoma de relajamiento, sea ético, conductual o existencialista. No es una consigna de ocasión que los jóvenes de ahora son los cubanos de mañana, con toda la convergencia y coherencia que ello representa como nación, como raza y como ideología.

Todas las cosas y todos los hechos no están en su lugar. Hay cifras que demuestran que al momento de solicitar carreras parece que la mayoría tiene la misma formación y orientación vocacional. Algo similar ocurre cuando de ofertar plazas laborales se trata, ninguno se inclina por las necesidades locales o las prioridades que signifiquen futuros empleos agrícolas o que los alejen de “cómodas oficinas, buenas retribuciones y una imagen de impacto social”.

Si bien las coordenadas económicas han puesto a la familia en situaciones tensas y el dinero, como concepto mercantil, se ha lanzado en los últimos años a un primer plano, estas actitudes evidencian debilitamientos en los valores que, desde los primeros años de vida, reciben mediante una instrucción y educación gratuitas. Ya el tema ha sido objeto de análisis por más de un investigador.

Otro estudio de Maria Isabel Domínguez, “Justicia Social y Juventud: Retos y perspectivas para la sociedad cubana en el nuevo siglo”, dice que en el amplio espectro que hoy conforma la juventud cubana es posible distinguir con claridad la existencia de tres grupos: uno con una fuerte participación, orientada sobre todo a desempeñar el papel que les corresponde como contribución a la solución de los problemas colectivos; un segundo grupo que reconoce a la Revolución por sus proyectos de justicia social e igualdad, mantienen niveles de participación medios, pero con menor implicación personal y cierta pasividad; y un tercer grupo, que se caracteriza por la interiorización de un modelo de bienestar basado en la máxima jerarquización del consumismo, que es a su vez el elemento central de su escala de valores, por lo que no tienen implicación en la realización de metas colectivas y si mantienen algún nivel de participación es de naturaleza formal (Domínguez y Ferrer, 1996).

Esta realidad aún prevalece. En los sondeos, encuestas y resultados de la muestra lo encontramos. Los organismos políticos y sociales, así como las organizaciones estudiantiles, tienen la problemática como punto permanente de análisis y ha sido debatida en los Congresos de la UJC, la FEEM y la FEU con fuerza y una visión profundamente crítica y autocrítica. El MINED también le ha dado el espacio justo.

El Estado tampoco está al margen y, en medio de la aguda crisis económica,  mantiene la directriz de hacer prevalecer la justicia social y buscar una equidad para todos, esencialmente la juventud. Sin embargo, los problemas y las respuestas dadas por los jóvenes, básicamente los adolescentes, no siempre corresponde con estos esfuerzos.

La cuestión, según la tendencia de los resultados de nuestra investigación periodística, simula un partido de voleibol. Los padres, junto a un paternalismo evidente, descuidaron el tutelaje por el “agobio de estos tiempos difíciles”, sobre todo en ese tercer grupo que hace notar María Isabel Domínguez, y marcan como eje de estas dificultades a la sociedad y la escuela. Esta, a su vez, en criterio de muchos profesores, expresa la despreocupación familiar y el no seguimiento riguroso de las actitudes juveniles a pesar de las llamadas de atención. A las reuniones de padres, por citar un ejemplo, casi nunca asisten los de los alumnos categorizados  como problemáticos, tanto docente como socialmente.

En la comunidad hay una pasividad explícita o implícita. Nadie quiere buscarse problemas, mientras no sea afectado en carne propia. La ilustración del hecho puede ser infinita, desde no intermediar ante una riña o hacerse el ciego ante el maltrato de un bien público o propiedad social.

Seguiremos el tema. Todavía hay muchas preguntas sin respuestas. ¿Ellos o nosotros?

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Violencia (III y final)

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La denuncia del silencio

·         Los Programas Priorizados de la Revolución y la entrada en vigor de un nuevo decreto sobre el trabajo preventivo, especialmente dirigido a la juventud, abren nuevas alternativas para contrarrestar la violencia.

·         El concepto de “recreación sana” todavía no es asimilado por todos con la intencionalidad y  la previsión que lo sustenta

·         La mayoría prefiere no buscarse problemas, aunque ello lleve implícito ignorar una llamada de auxilio o escrutiñar a hurtadillas un conflicto en la casa del vecino

Por Graciela Guerrero Garay       Foto: Lloansy Díaz Guerrero

Los Puestos de Urgencia Médica testifican a diario algún suceso violento, muchas veces disfrazado por las víctimas o los victimarios como accidentes domésticos. Detrás de las puertas suceden cosas que todos saben pero nadie enfrenta.

La cultura del “guapo” crece mientras la cortesía apenas se nota entre el ir y venir cotidianos. Los juegos de mano, los empujones, las tiraderas de piedras, las ofensas, la gritería y la amenaza son tan ordinarias entre las formaciones grupales de niños y adolescentes que pocos ojos se asombran y reaccionan en consecuencia.

El proceder violento, aunque nos pese y preocupe, es ya un modo conductual  de tantos que parece, desgraciadamente, válido, pues la mayor denuncia que recibe es el silencio o la complicidad por miedo o blandenguería.

La más mínima actividad humana nos regala un signo de violencia. Desde las colas en las bodegas, pasando por el transporte público hasta llegar al clímax en los momentos de ocio. La evidencia más contundente es que hablamos a gritos y mutilamos, sin piedad, las reglas elementales de la comunicación y es “normal”.

En contrapartida a estas malas mañas nuestras que trasmitimos de generación en generación, cada año son más los millones del presupuesto estatal que se destinan a la educación general, la salud, los programas especiales de atención a la niñez y la juventud y a las fuentes primarias de información y orientación familiar, científica y social.

A la cultura, la recreación, el reordenamiento de la sociedad y la superación se le han dado un grado de prioridad tan marcado que a muchas personas les cuesta trabajo asimilar, por ejemplo, que los jóvenes desvinculados y las jineteras tengan acceso pleno a  carreras universitarias. O que un ex-recluso gane una plaza de alta demanda por convocatoria libre.

Muchas de estas oportunidades de mejoramiento humano y social están vinculadas directamente a la Batalla de Ideas y los Programas Priorizados de la Revolución y nacen, justamente, en agudos momentos de la crisis económica y etapas álgidas del Período Especial.

La juventud vuelve a ser la beneficiaria neta y, en consecuencia, el seno familiar gana en estabilidad emocional, respeto, ingreso económico, calidad de vida, higiene mental... Sin embargo, el panorama violento, implícito y explícito perdura y, en algunos casos y hechos, se incrementa.

¿DÓNDE ESTÁ LA ESQUINA ROTA?

Para el joven profesor del IPUEC José Peña Fernández, en La Veguita, y alumno del quinto año de la Licenciatura en Matemática y Computación, Alejandro Carralero Montada, hay violencia pero moderada, aunque reconoce que la agresión verbal y la mala comunicación llevan enseguida a que cualquier problema se resuelva a los piñazos, a pedradas, tiradera de botellas o lo que se tenga a mano.

Sobre los hechos de este tipo que puedan acontecer en los centros internos, piensa que dependen mucho del equipo docente que esté de guardia. Algo así como que el alumno sabe con quien saca la pata porque tiene plena consciencia del precio que pagará por ello.

Las bebidas alcohólicas son, para este joven, el detonador de la casi totalidad de los conflictos que estereotipan la violencia social y coincide, con la mayoría, en que la crianza, la influencia del entorno y las características específicas del barrio son decisivos al momento de asumir estas actitudes. Hay quien se da un trago de ron y se cree superman, puntualiza.

En la Escuela de Conducta, ubicada en la parte oeste de esta capital, están muchos de los gérmenes que con el tiempo, y si no se detectan y canalizan, devienen seres violentos y generadores de problemas. Niños y jóvenes que las más de las veces, también sucede, se les condena pero no reciben ayuda de todos los que pueden aportar y se convierten en pesadas cargas sociales que  dañan la economía, la convivencia y la sociedad.

Durante una visita a la institución, representativa por excelencia de las soluciones gubernamentales habilitadas para paliar y contrarrestar este fenómeno de carencias afectivas y disfuncionabilidad familiar, abandono y abuso físico y psicológico, conocimos la historia de una niña que estaba lista para reincorporarse a su hogar, pero no aceptaba el regreso porque su mamá no la quería y sus maestros, sí.

Lo mismo decía otro chico de 14 años. El centro escolar era su vida y sus trabajadores, la familia. De su padre el recuerdo que traía, como una daga en el pecho, era el dinero que le pagaba por prestarle los pulloveres. Otro pequeño de siete años, del municipio Jobabo, un año antes amaneció solo porque su madre lo abandonó y jamás volvió. Las organizaciones de la comunidad lo llevaron a la Escuela de Conducta y allí crece feliz. Tampoco quiere volver a casa.

Para quienes dirigen, con mucho tacto y amor, este recinto formativo de características muy especiales, la violencia familiar es casi siempre la responsable del 90 por ciento de los casos que reciben. De que la cadena gane más eslabones se encargan los que permiten que se incumplan las leyes que establecen el orden social y familiar.

EL RATÓN EN RATONERA                                         

Nuevas miradas cubren hoy el amplio espectro de acciones estatales encaminadas a la prevención del delito y la reducción, a los más bajos índices permisibles, de la violencia social y doméstica. La creación, en el primer trimestre de este año, de la  Comisión Nacional del Sistema de Prevención y Atención Social de Cuba y sus similares en todas las provincias y municipios, validan esta voluntad gubernamental que pone particular interés en todo lo concerniente a los niños y la juventud.

El Licenciado Israel Álvarez Serrano, vicepresidente del Tribunal en Las Tunas y miembro de esta Comisión en la provincia, enfatiza en que pueden reducirse los acontecimientos violentos si hay una acción simultánea y responsable que ataque la raíz de los conflictos, al tiempo que cada parte integradora cumpla eficazmente su cometido, tanto preventivo como legislativo y judicial si procede.

Y este es el móvil que sustentó la entrada en vigor, en abril, del Sistema de Prevención y Atención Social, por el Decreto Ley No 242 de este año. Crear un mecanismo único que trabaje desde las demarcaciones de los Consejos Populares y, en los casos que lo requieran, incluso en las circunscripciones.

Para el especialista es vital la atención al delincuente y el conocimiento sobre las potencialidades delictivas, para enfrentar con objetividad las causas y buscarles las alternativas de solución más inteligentes y benefactoras, sin demeritar sus consecuencias ni caer en concepciones de ningún tipo.

En este sentido, destaca, que las prioridades inmediatas establecidas por el Decreto Ley se detienen de manera diferenciada en los jóvenes, niños y adolescentes desvinculados del estudio y el trabajo por voluntad propia o descuido familiar, o en quienes manifiestan desajustes en la conducta que pudieran ser propensos al delito.

Por último, asevera Israel, que tendrán atención especial los reclusos favorecidos con libertad condicional, reclusión domiciliaria o en labor correccional sin internamiento dictadas por los tribunales.

SIN CAMISAS DE FUERZAS

La labor de los Trabajadores Sociales también tiene una influencia definitiva en los mecanismos que hay que encender para que las generaciones más pequeñas y las que vendrán no estén atadas a un condón umbilical violento e injusto. Todos somos responsables.

Hay que hablar más claro en la cuadras, aprovechar los espacios comunes para resaltar el verdadero papel de la familia. Los padres no pueden ser látigos ni cascabel. El Estado y sus instituciones tampoco pueden sustituir el protagonismo tutelar. A la escuela se va a recibir instrucción y pulir la educación. En la calle debiéramos ser mejores que en casa, reflejar los valores que llevamos dentro. El entorno social no es de San Nadie. Todos somos parte y le debemos respeto y perpetuidad.

Puede que encontremos miles de razones para sentirnos incómodos, pero siempre habrá otras iguales para sonreír, ayudar y dignificar nuestra humanidad y hacer la vida más agradable y sostenible. El amor engendra amor y la violencia, violencia. No es un juego de palabras. Son actitudes humanas por las que podemos elegir. La decisión es nuestra.

También hay que borrar ese paternalismo que divide y mutila la legitimidad de los derechos. Los hijos no son objetos de uso y hay que ser severos con quienes fabrican esos caldos de cultivos enajenantes. Al final, la soledad y el desamor son las manos que socorren ese reclamo de dónde está mamá o papá. Y en Cuba, para suerte de muchos, hay Escuelas de Conductas, Hogares para Niños sin Amparo Filial, maestros de almas brillantes, Círculos Infantiles, educación y salud gratis y un sistema penal que hoy permite hasta cursar estudios universitarios y aprender un oficio.

Pero no todos tienen el golpe de suerte de ser salvados al borde del abismo. Muchas veces esa ayuda ”ajena” llega tarde y si la vida sigue, va llenita de cruces que se trasmiten y cargan otros seres inocentes. Romper la pesada cadena de la violencia no es asunto de uno o dos.

La doctora Clotilde Proveyer Cervantes, socióloga y profesora de la Universidad de La Habana, declaraba a la Revista Bohemia Digital que “es un problema público, no privado. La indiferencia, el silencio, nos vuelve cómplices."

¿SOLUCIONES COMUNES?

Adolfo Rojas Tur, funcionario de la esfera ideológica del Comité provincial de la UJC, valora que la violencia entra también con toda la divulgación adversa que reciben niños y jóvenes a través de los medios de comunicación, ya sea un vídeo click con esa imagen sexista de la mujer en short corto bailando reguetón o la lucha del más fuerte, en cualquier serial de aventuras o animado infantil.

Creo que hay que trabajar – agrega – en transformar el concepto de diversión que tiene hoy la mayoría de la juventud, encasillado en las discotecas. Como organización rectora hemos ganado muchos espacios. En la provincia ya podemos hablar de un Centro Recreativo propio de los estudiantes, de un área permanente multifuncional en el Parque de la Revolución 26 de Julio, de un Centro Cultural Huellas, pero no es suficiente y no siempre, en lugares que pueden servir de ofertas recreativas para la juventud, los precios son asequibles.

Es un fenómeno que debemos afrontar cohesionadamente. No se puede negar, a pesar de las virtudes de nuestros jóvenes y estamos llamados a cubrir más las zonas vulnerables. Tenemos que cambiar muchos estereotipos. Es un tema de atención permanente y hay que consolidar más temprano que tarde esa recreación sana por la que abogamos, sentenció Rojas.

Mientras expertos, sociólogos y especialistas de las más diversas disciplinas coinciden en que hay que amputar el más leve asomo de violencia, se dictan leyes que centralicen y hagan más abarcadoras las acciones y el asunto se trae con fuerza a plenarios que hablen de niñez, juventud, sociedad..., casi la totalidad de los chicos y chicas que sondeé para esta investigación no supieron decirme a pie juntillas porqué eran violentos.

Incluso, para muchos, fajarse es una actitud normal si busca pleitos o le responden al que pueda crear. Las hembras, con sus modos, sienten lo mismo. Simula como una ley de vida. El conflicto puede estar en si es adquirida o propia.

No creo que haya soluciones comunes. Todo apunta a un problema de conciencia o desconocimiento elemental de cómo y de qué manera se trasgreden las normas conductuales. Los jóvenes necesitan más información de lo que significa violencia y las mil maneras en que se manifiesta.

Tal vez así, poco a poco, sean esos candelabros de amor que necesita todo hogar para salvar su esencia y trasmuten las herencias androcéntricas que arrastramos a pesar de tanto y todo. Y desde adentro, donde nace la raíz, descubramos un día que ha cambiado el mundo. Y en ese minuto exacto sepamos que no somos los mismos, que se ha educado el afecto y roto para siempre el mito del poder, ese patriarca ¿por derecho? de la auténtica violencia. Hay que construir puentes sobre la discordia, el desamor y la furia para desdibujar este agujero negro que enlutece la vida. Aupemos la fraternidad.

20/02/2009 00:04. tugrace #. Periodismo de Investigación No hay comentarios. Comentar.

Violencia (II parte)

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Flores marchitas

·         Cada año la violencia cobra 1,6 millones de vida en el mundo, sin contar las dañadas que se parapetan en los conos de silencio y miedo. Niños, jóvenes y ancianos son dianas perfectas, aunque la mujer marca la lista negra con más frecuencia que la divulgada.

·         Desde la última década del siglo pasado el incremento de actitudes agresivas en nuestra geografía, dentro y fuera del hogar, puso el tema sobre la mesa de círculos especializados, investigadores, sociólogos y analistas de diversas disciplinas para buscar respuestas coherentes con el momento actual que vive el país.

·         Contra lo que muchos consideran algo inherente a la condición humana, expertos que analizan su ascendente prevalencia en todas las naciones demuestran que la violencia es prevenible y se puede atacar en sus raíces, sin ser un asunto de “ley y orden”.

 

Por Graciela Guerrero Garay  Fotos: Lloansy Díaz Guerrero

 

Daynobis no sabe que la 49 Asamblea Mundial de la Salud, celebrada en Ginebra en 1996, aprobó una resolución en la que se declara a la violencia como uno de los principales problemas de salud en el planeta. Para ella, simplemente, su abuela es insoportable, la maltrata y ofende por cualquier cosa. Con sus 12 años, la chica le trata igual y tan obstinada está que le devuelve, como puede, las golpizas.

No es una niña dulce. Aunque confiesa que no se faja a “piñas” con sus compañeros de aula, hay alguna que otra pelea en su memoria y una actitud permanente de agresividad ante una simple mirada sospechosa. El rendimiento escolar ha mejorado en el presente curso, pero la maestra la considera una alumna intranquila y problemática.

La historia del patito feo le viene al dedo. Daynobis es la mala del cuento y hay que llevarla recio. Eso exige su tutora a la maestra, porque en la casa no saben qué van a hacer con ella.

En el Informe Mundial sobre la violencia y la salud está bien definida la categoría en que encaja Daynobis y la cadena que forma desde sí. Es violencia interpersonal, subcategorizada Intrafamiliar, que se proyecta y clasifica también en Comunitaria. El mañana está por llegar y no es previsible, pero si se cumple aquello de “tal palo, tal astilla”…

Expertos como la doctora Gro Harlem Brundtland, directora general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), califica estas realidades de muy complejas y hace notar que van más allá de meras cuestiones de intimidad familiar o elección individual, para relacionarse directamente con esquemas de pensamiento y comportamientos formados por multitud de fuerzas en los hogares y la comunidad.

Si se le agrega que no siempre hay denuncias de los sucesos violentos de este tipo, las verdaderas causas suelen disgregarse y las estadísticas se tornan poco confiables a cualquier instancia.

De aquí que los estudiosos se inclinen por llamar a la conciencia para no enmascarar el problema y poder trazar políticas preventivas que frenen, para hoy y el futuro, la continuidad de este flagelo que anualmente lleva a la muerte a 1,6 millones de personas en el mundo, sobre todo entre las edades de los15 a 44 años y es la responsable del 14 por ciento de las defunciones en la población masculina y el siete en la femenina, aproximadamente.

En el año 2000, según cálculos,  las pérdidas de vida en sucesos violentos representaron una tasa de casi el 28,8 por 100 mil habitantes, estimándose la mitad de estos fallecidos por suicidio, una tercera parte a homicidios y una quinta, por conflictos armados.

 

CARA A LA LEY

 

La juventud paga alto el precio de la violencia. Las cifras de la OMS dicen que la mayor tasa de homicidios, 19,4 por 100 mil, corresponde a varones entre los 15 y 29 años, tres veces superior a la de las hembras. Sin embargo, el suicidio se reporta como una espiral ascendente en ambos sexos, pero en este rango de edades los números hablan de un 15, 6 entre los hombres contra el 12,2 en las mujeres.

El ingreso económico vuelve a relacionarse con la variabilidad de las muertes por acontecimientos violentos. En los países con ingresos bajos y medios son más de dos veces superiores (32, 1 por 100 mil), que en los de altos (14, 4).

Las Tunas – y el país en general- no escapan de esta triste ola agresiva que sacude las arenas de la convivencia humana. Para el Licenciado Israel Álvarez Serrano, vicepresidente del Tribunal Provincial y juez en ejercicio por más de 16 años, la violencia es la trasgresión de normas, valores y pautas de conductas predeterminados a nivel social y se produce en situaciones conflictivas.

Sus argumentos coinciden con los parámetros de análisis establecidos por los más prominentes profesionales. Irregularidades en el medio familiar o social, alcoholismo, drogadicción, pobreza, carencia de patrones morales, frustración, sensación de abandono o rechazo y la impulsividad de origen neurótico, entre otros.

En asuntos jurídicos, Álvarez Serrano explica que los delitos contra la vida y la integridad corporal, previstos en el Código Penal vigente, comprenden el homicidio, riñas tumultuarias, asesinato, disparo con armas de fuego, abortos ilícitos, abandonos de menores, incapacitados y desvalidos, las lesiones y el auxilio al suicidio. Violencia, en una palabra.

Los municipios de mayor incidencia en estas tipicidades delictivas –dice- son Jobabo, Las Tunas y Puerto Padre, mientras que entre los comisores los jóvenes entre 16 y 30 años tienen un peso importante.

Sin embargo, agrega, en los años 2005 y 2006 se aprecia una disminución de los sancionados en este grupo de edades en delitos como las lesiones leves y asesinatos en un número de 10 y 2 casos, respectivamente, pero las lesiones graves se comportaron al mismo nivel que en etapas anteriores. Otras tipicidades como la amenaza y el robo con violencia en las personas, tuvo un incremento de 5 y un caso.

La situación económica condiciona el delito – argumenta – y aunque el índice de comisión por parte de menores es sumamente bajo, durante estos años marcados por el Período Especial las figuras delictivas vinculadas a la violencia con la participación de jóvenes se incrementaron.

Los Programas Especiales de la Revolución – continúa Álvarez – ya dan frutos y han contribuido mucho a superar esa falta de oportunidades, marginalidad, guapería y fallas del sistema educacional y preventivo, a pesar de que es un proceso prolongado y complejo.

En el proceso de perfeccionamiento y fortalecimiento de la justicia penal – señala – nuestros Tribunales Populares están llamados a actuar con mayor racionalidad y sensatez a la hora de individualizar y adecuar las sanciones en los jóvenes, se aplica un enfoque eminentemente reeducativo, con la intención de adiestrarlos en un oficio o una profesión tal como lo prevé el artículo 17 del Código Penal, y este tratamiento es extensivo al régimen penitenciario en las edades comprendidas entre los 16 y 27 años.

Se hace mucho énfasis en la prevención, más que en la represión de las conductas delictivas y en este mecanismo entran las garantías procesales, el papel de las masas, la familia y la escuela, confirma el especialista.

 

20/12/2008 08:23. tugrace #. Periodismo de Investigación No hay comentarios. Comentar.

Violencia (I parte)

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Signos violentos
• Las Tunas, territorio agrícola, tiene todavía costumbres de una seudo cultura heredada desde la colonia. Al margen de los grandes planes de desarrollo y el esfuerzo por limar diferencias entre el campo y la ciudad, quedan las huellas.

Por Graciela Guerrero Garay

El “mellizo” es un bohemio. Prácticamente creció solo, porque su mamá, ante el temprano divorcio, tuvo que guapear fuerte para mantenerlo a él y a su hermano. Aquí no tenemos familia y muchas veces, chiquiticos, tuvimos que quedarnos en el albergue para que ella pudiera trabajar, dice y enfatiza: no soy violento, pero de la calle sé bastante. Tengo genio, lo que pasa es que me controlo. Bronca, como tal, no he tenido ninguna, sí he visto muchas entre mis socios y en la calle, asegura.
Queda en silencio. Suspira y habla quedo. El tiempo pasa -cuenta- y uno va adquiriendo experiencia y madurez y, aunque tengas pocos años, uno ve los errores cometidos. Eso ayuda en la vida social, individual e intelectual, pero no siempre garantiza una conducta limpia frente a los demás o poder controlarse ante una provocación. Se cae en la trampa de la violencia muy fácil.
Estuve becado. En las escuelas internas es común algún tipo de violencia, son muchos muchachos con altos y bajos niveles de educación, aislados de la familia y con trastornos psicológicos, que se reflejan en su actitud ante el colectivo y el estudio. Por cualquier cosa hay una pelea. Y no siempre los profesores se enteran, porque si sucede en los baños o fuera del centro nadie dice nada. Y eso se arrastra a la calle, crea tensión en el grupo, en los albergues y los socios apoyan. No es una pandilla, pero más o menos tú eres de un bando o de otro, argumenta.
Creo que cada día la gente se vuelve más agresiva -afirma Ricardo, un estudiante de la Escuela Vocacional de Arte-, sobre todo oralmente. El uso de esta actitud violenta es “normal”, uno escucha cada barbaridad mientras espera en las paradas o camina por ahí. Se discute por cosas sin sentido y se afecta la amistad y la imagen pública.
Para este joven de apenas 19 años “eso puede tener relación con la baja autoestima y la situación económica que tiene el país. Sí creo que se han modificado valores, agrega, y sobre todo el amor, esa cortesía al tratarnos, no solo en los jóvenes, en todo el mundo”.

LOS CAMINOS VAN A ROMA

La vieja máxima que hemos aprendido desde niños marca pautas entre las respuestas del centenar de encuestados que escogimos, de uno y otro sexo y con edades comprendidas entre los 15 y 60 años. Al margen del nivel escolar, categorización familiar y diversidad de empleos, hay coincidencia en que el Período Especial rompió el modo de vida y de ser de los cubanos.
El 65 por ciento de la muestra sentenció que la estrechez en la economía doméstica crea una predisposición anímica en el hogar, generadora de agresividad, la que no siempre queda entre las paredes de la casa, mientras la totalidad reconoció proceder con violencia alguna vez y dio votos afirmativos por una tendencia de conductas violentas entre los jóvenes.
El criterio vertido por los entrevistados coincide, en esencia, con la valoración del psiquiatra Ernesto Pérez González, jefe del Departamento de Peritaje Mental del Instituto de Medicina Legal, citado en una investigación de la licenciada Elaine Sánchez Figueredo, realizada en 1998 bajo el título “La agresividad entre las personas, su incidencia en delitos contra la vida y la integridad corporal en el municipio de Jobabo.”
El especialista relaciona la proclividad a la conducta agresiva con las irregularidades del medio familiar o social, el alcoholismo, la drogadicción, la pobreza o falta de patrones morales, la propensión a la frustración y la poca capacidad y sensibilidad para las relaciones interpersonales, entre otras de carácter neurótico psicoorgánico.
Por su parte -plantea Sánchez Figueredo- los sociólogos cubanos al buscar el origen de esta problemática hablan, además, del deterioro en los niveles de vida y de estereotipos culturales acuñados socialmente.
Las estadísticas recogidas por esta investigadora, que abarcan el año 1996 y el primer trimestre del 98, apuntan ya a una manifestación evidente de signos de violencia en la manera de resolver los conflictos interpersonales, tanto de adultos como de jóvenes. Para ese entonces, “en Jobabo, por cada 330 personas se comete un delito de este tipo, seguido de Amancio, con 400 y Las Tunas con 434; otros territorios como Puerto Padre, con 825 y Menéndez, con 686, son los de menores incidencias”, cita el documento.
Vale señalar que el resultado del análisis de marras arrojó que entre los comisores la edad promedio era de 26 años, mientras 11 eran menores de 20 y el escenario de mayor porcentaje, la vía pública, seguida de las actividades festivas.

¿FATALISMO O APATÍA?

Para la casi totalidad de los profesionales que se desempeñan en el contexto preventivo, clínico o jurídico donde se enfrenta o canaliza la actitud violenta de las personas hay una arista cardinal, la familia, por ser el filtro catalizador de costumbres y patrones conductuales de convivencia.
En 16 de 25 padres entrevistados con hijos adolescentes (de 14 a 20 años) notamos poco rigor en el seguimiento tutelar a las actividades extraescolares y casi total desconocimiento sobre el círculo amistoso de los mismos. Un total de 21 de la muestra dijeron conocer a las amigas y amigos cercanos, no así su procedencia familiar, aunque 20 señalaron que muchas veces coincidían en las reuniones de escuelas, pero no podían testificar quiénes eran en realidad.
Todos de alguna manera ingerían bebidas alcohólicas y nunca se limitaron de hacerlo desde la pequeña edad de sus vástagos. Solo 10 ponían horas de llegada a casa en las salidas de fines de semana y los esperaban despiertos. El resto les daban la llave y, a veces, ni sentían su entrada al hogar.
A los 20 jóvenes (hembras y varones) que preguntamos si gustaban de la compañía de sus padres para actividades festivas de carácter masivo (carnavales, conciertos, funciones de teatro, campismos, playa, bailables…), la respuesta fue NO. El argumento, “eso es cosa de fiñes”; “se ríen de nosotros. Ya eso no se usa”; “no voy”; “no puedo divertirme a mi manera”; “¿mis padres en una disco…?”
Otro dato de interés, realmente inquietante, digo yo, es que los tutores señalaron que era muy difícil mantener el rigor y la obediencia en esta edad, porque “se creen adultos”, “si usted lo encierra es peor”, “si todas salen, la mía también”, “nosotros no fuimos así, pero el modernismo de ahora…”
En el intríngulis del asunto ellos, chicas y chicos, tienen también una buena dosis de este desarraigo familiar. Unánimemente todos confesaron que no contaban a sus padres toda la verdad de lo que hacían y, mucho menos, si tenían participación en algún acto violento. Intentaban esconderlo hasta el último momento. Tampoco se inclinan por alertar a los padres de sus amigos de alguna conducta desviada. Eso, simplemente, “es ponerse en mala con el socio” o “echar pa’ lante a la amiguita”.
La esencia de este conflicto puede, quizás, estar resumida en las palabras de un jubilado de las FAR. “Yo pienso que hay mucho paternalismo. Los tiempos cambiaron, sin embargo la familia tiene que conservar sus raíces, si no estamos perdidos. La juventud, los hijos, no pueden convertirse en un fatalismo aunque haya moda y modernismo. La autoridad paterna no puede ser apática ni conformista. Tampoco hay que imponerse a la fuerza ni usar la violencia, pero creo que sí hay que poner rigor, quizás horarios límites para sus actividades, tenemos leyes, educación gratuita y el problema está ahí, no debemos permitir que se agudice ni analizarlo sin buscarle solución.”

VENTANAS ABIERTAS

Para Roberto Anselmo Ramos Valverde, especialista de Primer Grado en Psiquiatría, las manifestaciones de violencia más frecuentes en el adolescente ocurren en el marco de la familia, muchas veces incapacitada para enfrentar la crisis propia de la adolescencia, rebeldía, terquedad, busca de la autodeterminación, la independencia.
Muchos no lo asumen de una manera correcta -explica- y ocurre la violencia tanto física como psicológica. Lo otro es cuando hay un adolescente violento, en estos casos siempre está comprometida una privación de afecto en la familia, errores de maternaje y paternaje. En nuestro medio, las más burdas están asociadas de forma general a las bebidas alcohólicas.
Con respecto a la conducta suicida existe una tendencia mundial a enmarcarse entre los adolescentes -continúa- y nosotros no escapamos de ello. Históricamente, en la provincia las tasas están por encima de la media nacional general, aunque se nota un discreto descenso en la de suicidio, incluso hemos tenido intento suicida en niños.
Eso se debe a la funcionalidad familiar, a la pérdida de valores que ha habido, al entorno social, las influencias exteriores, marcas, modos, consumo. No existe un fundamento de identidad en el adolescente y esto facilita estas cosas.
Hay un grupo social, una familia, un trabajo, esperando por él y eso es preocupante. Hay que buscar la manera de ponerle coto para salvar un futuro violento. La violencia es acción y omisión, argumenta Ramos Valverde.
Ana, una experimentada educadora, piensa que se debe accionar de modo íntegro. No siempre se canalizan a tiempo los primeros síntomas de rebeldía que muestra el alumno, ni los métodos a veces son los correctos. Se vive demasiado aprisa y es verdad que uno alerta a los padres y hay quienes ni se lo toman en serio, subestiman los hechos, los justifican -resalta.
Sucede también -dice- que creemos que con informar la situación a la familia ya cumplimos con la parte que nos toca. El caso es que el poquito que dejamos de hacer bien, los que tenemos que ver con los muchachos, suma y al final lo ayudamos, hasta ingenuamente, a que se pierda. Incluso, hay padres que si el hijo les dice que se fajó y salió perdiendo, le exigen venganza, lo obligan prácticamente a que vuelva a buscar el problema.
Mientras quedan cabos sueltos en el tutelaje familiar y los jóvenes, con marcada tendencia, abogan diariamente por una mayor independencia y autonomía, puede ser que confiados en la garantía de protección social de las que se saben beneficiarios netos, la violencia está al asecho de las ventanas abiertas que dejamos por falsos conceptos de paternalismo, compañerismo, disciplina social, derecho ciudadano, debilidades profilácticas, mal trabajo preventivo y benevolencia en el orden público.
También hay una rendija, aparentemente inocente o subjetiva, cuando llamamos a cualquier conducta transgresora de poca monta “cosas de muchachos” y la toleramos. Puede que esta débil señal de humo sea el síntoma de próximos descalabros. Volveremos sobre el asunto, hay razones para continuar.

03/11/2008 23:55. tugrace #. Periodismo de Investigación No hay comentarios. Comentar.

Formación vocacional (III)

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La Meca del sabio

 

·       Al margen de criterios, vivencias e intereses personales, este asunto necesita de nuevas miradas. Con este trabajo, que concluye una trilogía investigativa, buscamos las señales bajo el prisma de los nuevos tiempos

 

Por Graciela Guerrero Garay

 

Jorge anda por ahí atrapando un sueño. Puede que lo asalte la duda y no lo identifique. Tiene 20 años. A veces, me recuerda a Silvio Rodríguez, en una esquina, con su boina negra y ojos bohemios. Es tranquilo, quizás marcado por alguna cruz tutelar.

Me cuenta su historia despacio, como si hubiera crecido mucho desde entonces. Decidió coger la carrera pedagógica y no tenía vocación definida. Somos muchachos que estamos en el Pre dice y se nos van agotando las esperanzas de una carrera mejor, no había las posibilidades de hoy, de optar por Medicina. ¿Mi promedio?, regular, académicamente promedié 70,80. Suspira. Como no había tanta competencia para eso lo pedí, confirma.

Entré en el Pedagógico y pensaba quedarme. Estuve dos años. La escuela es buena. La dejé por las nuevas oportunidades, y uno veía que gente de mayores resultados hacia cursos… La gran cantidad de trabajo que tiene el profesor, el salario, el hecho de tratar con alumnos con problemas, así como uno, los pocos recursos para impartir las clases, todo eso me hizo pensar un poco, tenía 16 años. Vuelve a suspirar y calla.

¿SOLO CIFRAS?

Este chico es uno entre los 290 que a inicios de curso no se habían incorporado al instituto superior pedagógico Pepito Tey, pero su nombre, en número, viene contando en las estadísticas hace más. Desde entonces está a la espera de cumplir los dos años que le impiden optar por otra especialidad porque abandonó estos estudios. En tanto, trabajó como custodio en distintos lugares y, ahora, está decidido a matricular Optometría dentro del sistema de la Salud.

No se siente arrepentido aunque de algún modo le duele este vacío de ser, que lo compensa, confiesa, el hecho de saber que no pasará su vida entera en una carrera que no le gusta.

Por suerte, Jorge, no desvió sus pasos a otros destinos más crueles y sigue aferrado a la idea de lograr una profesión. Muchos otros, se olvidan para siempre de los libros, se convierten en cargas familiares y sociales y devienen tránsito laboral hasta muy alcanzada la madurez.

El doctor Jorge Fiallo Rodríguez, investigador del Instituto Central de Ciencias Pedagógicas, en la revista digital del Centro de Información para la Educación, publica una investigación que apuntala la necesidad de mirar otros ángulos en el arduo y abarcador trabajo de la formación y orientación profesional de niños y jóvenes.

 A partir de esta cita de Martí: "Educar es depositar en cada hombre toda la obra humana que le ha antecedido: es hacer a cada hombre resumen del mundo viviente, hasta el día en que vive, es ponerlo al nivel de su tiempo, para que flote sobre él, y no dejarlo debajo de su tiempo, con lo que no podrá salir a flote, es preparar al hombre para la vida", este académico destaca que  hay una tendencia de separar institucionalmente la enseñanza de la producción, aunque el propio desarrollo que se va alcanzando repercute en el hecho de que la formación de la población se convierta en una necesidad y obligación social.

Y más adelante deja claro que la misma trajo consigo una fuerte influencia academicista en la Enseñanza General ocurriendo un alejamiento con la producción, que es decir con la vida. Cuando escucho a los jóvenes, fundamentalmente, afirmar que se matricularon en los círculos de interés por curiosidad por encima de cualquier otra cosa, creo que vale la pena que esta actividad, deteriorada como ya está dicho, vuelva a la mesa de reuniones y se haga despertar con la objetividad de los días que corren, centralizando el criterio de que la sociedad de hoy, incluso la que tendrán los chicos mañana, no es la misma de la década del 60. Y de esta realidad no escapan los principales moldeadores de patrones educativos, los padres.

Puede que en ese tecnicismo desmedido, aliñado con buenas dosis de autoritarismo, premura por cumplir cifras, planes, indicadores emulativos, además de las carencias materiales, la falta de información actualizada y la marginación de conceptos emocionales, sean los que lleven al fracaso la intencionalidad y misión de los proyectos actuales de formación vocacional.

Lo que es evidente que casi ninguno, al menos en mi muestra de 20 alumnos de todos los grados de la Secundaria, y 15 universitarios de cinco especialidades distintas, estudia algo que tenga que ver con lo que quiso ser en la Enseñanza Primaria y, menos, con el desempeño de los círculos a los que se afilió.

El análisis de Fiallo lo destaca: La educación no puede solo proporcionar información o transmisión de conocimientos de la vida, sino también tiene que enseñar el "saber hacer" o el "cómo hacerlo", desarrollar además del intelecto, las manos. Y no es secreto, que salvo honrosas excepciones, estos asuntos no pasan de una extensa, didáctica y teórica charla en lugares impropios y en horarios en que los alumnos no están aptos para asimilar tal tedio parlante. Pienso, pues, que hasta deberían asumirse investigaciones socio-psicológicas que incluyan estados emocionales, perspectivas de idoneidad a partir de arquetipos o biotipos familiares, escala de valores personales y hasta características demográficas de las áreas de captación. A un chico del campo no debe hablársele como a uno de la ciudad.

Y no abogo por diferencias sociales, claro está. Abogo porque se tenga en cuenta la diversidad como integridad humana, sin cercenar las esencias éticas, los intereses institucionales, estatales e individuales de los que captan y los que tienen que ser captados. Ahora, tal vez como nunca, el que cada maestro tenga a su cargo menos cantidad de alumnos facilite los caminos. No hay nada más aleccionador y práctico que el día a día.

Vamos sembrando los árboles de ser el país más culto del planeta, pero para ello tiene que haber amor en todo lo que somos y todo lo que hagamos. Si estamos inconformes con nosotros mismos, marcaremos con esa oscuridad de sentimiento la obra que nos toque ejecutar. Y no distingo profesiones, todas tienen el mismo valor, la misma trascendencia y son tan vitales para la vida que no sé qué nos haríamos sin un albañil. ¿Cierto o falso?

¿SERÁN LAS CONCLUSIONES?

En temas humanos hay una riqueza tan multirracional y variada que es muy raro encontrar el equilibrio, pero existen las señales. Las notables diferencias, no solo salariales, sino de atención profesional (tecnología, útiles de trabajo, avituallamiento técnico, fuentes de información, condiciones de trabajo, etc.) entre empleos de primera necesidad y los llamados emergentes o de punta a razón de los cambios de la sociedad cubana, el desarrollo de nuevas aperturas económicas foráneas o nacionales y las tendencias surgidas en las últimas décadas ya tienen huellas, y no siempre a favor de lo que necesitamos, aspiramos o queremos.

Este trinomio de palabras son parientes, pero cada una tiene su acepción y es canalizada por cada quien según sea y lo interprete. Los niños y jóvenes son las esponjas, a mi decir, de todo lo que se mueve en su entorno. Quizás, por ello, muchos exigen que se les discurse en correspondencia con lo que ven y viven.

Vamos envejeciendo como sociedad. Hoy la problemática de jubilación sucede con los maestros, pero mañana serán los ingenieros, los médicos, los zapateros, los choferes. En fin, que este tema de la formación vocacional debe brincar la cerca de las universidades y detenerse al filo de cada oficio, porque sin arriero no hay calabazas, como dice un dicho de un ocurrente amigo.

Habrá que acortar distancias entre lo que hoy muchos llaman "privilegios" de determinadas profesiones, llevar un poco más a los profesionales a las escuelas, no esperar que las prácticas docentes, no todas de éxito ni utilidad porque dependen de tantos y tantas cosas, se circunscriban a determinadas etapas y, quizás lo más importante, poner en línea recta esta actividad docente con la vida.

Nuestro Comandante en Jefe ha dicho "el trabajo es el gran pedagogo de la juventud". Y si hay un sustantivo por multiplicar en estos tiempos que estamos es justamente ese. Y para no verlo y buscarlo solo por el "melón" que "suelta" hay que realzarlo desde la esquina de la utilidad, el beneficio y el orgullo personal de desempeñarlo.

Mas, si le llenamos de epítetos como malpagado, mucho papeleo, reuniones, guardias y al final nada, entre tantas frases que no son ajenas a nadie y escuchamos cuando de ofertar empleos se trata, entonces es necesario ir más allá del formalismo, del cifrismo y de un proyecto que llene plantillas pero esté también pleno de insatisfacciones personales.

Fiallo lo destaca en su investigación al acotar que los niveles Primario, Medio Básico y Superior tengan que proporcionar la "cultura laboral" necesaria para la incorporación de los jóvenes al trabajo, a la vida social. Estructuralmente, todo está concebido. El MINED lo prioriza dentro de sus políticas generales del aprendizaje. Los docentes e instructores hacen esfuerzos por hacerlos cumplir. Se trabaja, pero los resultados no dan correspondencia y la necesidad de tener maestros y buenos, llama a la Meca del sabio. Espera respuesta.

Hay que encontrar mecanismos más atractivos e inteligentes al momento de montar y desgranar todo lo que tenga que ver o influir con la formación de intereses profesionales, pero, por encima de todo, pulir la imagen social de lo que somos y hacemos.

Creo que en la medida que se dignifique el trabajo, revalidemos todo lo que es importante y se corten las distancias laborales que existen hoy entre las unidades presupuestadas y las económicas y se equilibren los sistemas de estímulo y atención al hombre, los jóvenes no andarán dando puntos a aquello ni a lo otro, sino que se sentirán plenos en cualquier lugar y ganaremos en esa excelencia oficiosa que tanto reclamamos, desde el consultorio médico hasta la más sencilla y recóndita unidad de los servicios. Esta investigación, que concluye en esta edición, son las señales que muestra.

 

09/10/2008 01:46. tugrace #. Periodismo de Investigación No hay comentarios. Comentar.

Formación vocacional (II)

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¿Por dónde le entra el agua al coco?

Por Graciela Guerrero Garay

Sin aprender a leer y escribir nadie puede alcanzar una meta eficaz en su vida y, con mucha suerte, podrá acceder solamente a oficios rudos y de baja calificación, muy escasos en una época donde la preparación profesional es la llave de las mejores ofertas de empleos y, por consiguiente, de una remuneración salarial alta, aspiración que ocupa hoy el mayor puntaje en la escala de intereses personales.

Aunque parezca obvio, la necesidad de un maestro es esencial para tener un día en el futuro. Alguien tiene que enseñarnos para ser lo que soñamos.

Sin embargo, es muy difícil que esta irrefutable verdad encuentre una respuesta aceptable entre los estudiantes. Que el profesor sea otro; yo no, simula un estado de conciencia colectivo, al menos entre quienes llevan los mejores resultados académicos en las boletas. De aquí que las Comisiones de Captación tengan que hacer un profundo trabajo político y persuasivo, que muchos padres califican de manipulación e intimidación.

En las secundarias básicas, donde se seleccionan y forman los destacamentos que ingresarán en el Preuniversitario Pedagógico, se da el caso de que quienes aceptan la propuesta son alumnos con problemas de rendimiento escolar, incluso malas conductas sociales. El resto, los competentes, alegan valorarlo con la familia y vienen diciendo al siguiente día que sus tutores no quieren o no los dejan.

Estas eventualidades inquietan a los directivos del sector de Educación, pues la posible cantera de reemplazo para el próximo quinquenio, muestra una tendencia digna de tener en cuenta, a partir de la cantidad de docentes que saldrán inevitablemente de las aulas por cumplir los requisitos de la jubilación. Pero más que cifras, preocupa la calidad cognoscitiva de los que se preparan para ejercer el magisterio y hasta dónde es verdad que sienten ese evangelio vivo que es educar, porque los sondeos investigativos apuntan, en un gran número, a cierta tendencia de aprovechar las facilidades estatales de esta opción o verla como la tabla salvadora para obtener una carrera universitaria.

¿EL POLLO DEL ARROZ CON POLLO?

Sobre la formación vocacional dedican interminables horas de investigación cientos de pedagogos en Cuba y otras geografías del mundo y, sin embargo, todavía parece no encontrarse el termómetro exacto que defina el complejo tres y dos de los adolescentes cuando de decidir qué se quiere y puede ser en el futuro.

Incluso, al indagar el asunto con profesionales de vasta experiencia y éxitos en su desempeño, muchos confiesan que jamás pensaron en ser ingenieros, arquitectos, doctores, maestros. Para la gran mayoría de los encuestados, fue algo que los motivó, tuvieron la oportunidad y apostaron por sí mismos. Tampoco, en una cifra considerable, la tradición familiar ni la escuela tuvieron que ver según sus puntos de vista. Todo ello hace comprensible la enredada madeja psicológica y social que se teje alrededor de los estudiantes, la mayoría con grandes dudas al momento de hacer cruces por su destino intelectual.

Lo que sí está claro, como plantea una investigación del doctor en ciencia Iosvani Hernández Torres y otras autoras, publicado en la página digital ilustrados.com.monografías, es que la orientación profesional es condición importante para el desarrollo armónico de la personalidad de niños, adolescentes y jóvenes; no en vano constituye un componente básico del proceso educativo.

Nadie puede cuestionar la prioridad estatal por todo lo que tenga que ver con la educación y la instrucción integral de los cubanos y, de manera especial, la novel generación, pero en temas de formación vocacional nada es tan sencillo como pudiera parecer. La influencia del medio, la propia evolución social y práctica de las profesiones, las experiencias, criterios y hasta conclusiones que reciben de los titulados y los cambios graduales y dialécticos de la sociedad, exigen su cuota en el justo instante de elegir.

Todo ello sale a flote, lamentablemente, cuando de estudiar magisterio se trata y más ahora que los códigos de valores de vida cambian, si bien mantienen sus esencias. Las inevitables transformaciones económicas que se sucedieron tras la desaparición del campo socialista y el establecimiento de un Período Especial han marcado, sin dudas, el pensamiento y las aspiraciones de la gente. Ya el estímulo moral y el social no son los únicos que deciden al momento de buscar una plaza o estudiar una carrera.

Ello no lleva implícito una absurda descodificación de preceptos y principios éticos, más bien, creo, que todo gira en el realce de algunos empleos de los nuevos tiempos y la desventaja, en todo lo que signifique aporte material, que tiene todavía un significativo número de empresas, organismos y puestos de trabajo, ubicadas estas diferencias en el prisma de las necesidades domésticas actuales, el poder adquisitivo real de la familia y sus perspectivas de mejoramiento en un tablero comercial donde, las más de las veces, el mercado alternativo de oferta y demanda es quien le saca el sudor de los bolsillos.

Por aquí anda la tendencia a rechazar toda oferta que no represente, de algún modo, un aliviadero para el desarrollo del hogar y propio. Y de esta manera de pensar cómo se vive, para vivir como se piensa, como reza una frase de Gabriel García Márquez,  copian los jóvenes, sobre todo los que ya entran en la última década de la primera juventud y quieren lucir el último grito de la moda, divertirse por lo grande y sentir alguna peseta en la cartera, cosa que no siempre puede asumir la mayoría de los padres que dependen, exclusivamente, de un salario, aun cuando se incrementó recientemente.

UNA DIRECTORA CUENTA…

La secundaria básica urbana Carlos Baliño, en esta ciudad, tiene una matrícula de 710 alumnos. Daymé Suárez Linton la dirige hace tres años y, cada curso, elabora su estrategia de formación vocacional y la específica para las carreras pedagógicas, cuyo objetivo es garantizar el relevo de los educadores a partir del ingreso de los estudiantes en los institutos preuniversitarios con este perfil y la continuidad de estudios en la Enseñanza Superior.

El diseño es inteligente, abarcador y multidisciplinario al involucrar a todos los factores del centro y promover un vasto plan de actividades que lleven, de manera integral, a despertar motivaciones en el alumno de este nivel y al de noveno, en particular, hacia las ciencias de la pedagogía. Destaca, en primer orden, que el papel de esta labor corresponde al colectivo, a partir de su ejemplo personal y trabajo diario.  En un sondeo con 20 chicos y chicas de esta enseñanza en diferentes escuelas del municipio nos percatamos de que todos tienen alguna queja de su profesor, ya sea por el exceso de tareas que deja, la exigencia, la benevolencia, el estilo de impartir las clases, la personalidad, el carácter. Solo una alumna dijo que le gustaría ser como su maestra de Historia. Los demás, me miraron con desconcierto y hasta con desconfianza.

De estas realidades no vive ajena esta joven directora, quien tiene el privilegio de tener una madre maestra y una hermana, quien luego de ejercer la enfermería decidió definitivamente formar a sus colegas. Daymé acepta los resultados de la encuesta: hay resistencia familiar frente a las carreras pedagógicas, sobre todo en los educandos de altos resultados, pues los que optan no son los de mejor preparación.

Se dan muchas situaciones complejas, cuenta. Esto no es un problema local ni territorial, en todo el país hay un llamado a fortalecer el sector por el déficit de profesores. La determinación familiar es esencial, porque la edad de estos estudiantes no les permite tener autonomía, además de que muchos muestran inseguridad en la elección y cualquier presión tutelar en contra, malogra el proyecto y el buen trabajo que puede realizar la escuela, argumenta.

Sobre el debilitamiento de los círculos de interés también reconoce que hay problemas. La complejidad de los horarios actuales conspira contra el buen desempeño de los mismos, independientemente de que ya no funcionen los Palacios de Pioneros y la intención sea, justamente, convertir cada centro en un palacio, donde cada grupo monte sus colectivos especializados y el docente sea el más comprometido junto al instructor.

La falta de locales idóneos o la carencia de ellos, al incrementarse el número de aulas por las transformaciones de la enseñanza que exigen un máximo de 15 educandos en cada una, es otro detalle que aleja a esta actividad de la calidad que tuvo en décadas anteriores, más cuando se le dedicaban 90 minutos y ahora solo 45 sin contar que el cúmulo de actividades docentes apenas deja margen para una atención extraescolar, después de las 4:30 de la tarde, explica y agrega que esta es una de las razones del porqué en todas las escuelas no se hace.

Es verdad que muchas veces estas estrategias son documentos de gaveta -argumenta-, por eso el director tiene que controlar, está establecido, diseñado. Y hay que aprovechar los centros de los alrededores, en la comunidad. Acá tenemos convenios con las instituciones cercanas como la Fábrica de refresco, la Unidad de bomberos, el MININT y el círculo infantil Zapaticos de Rosa.

La Secundaria tiene el deber de dar continuidad a los círculos de interés que vienen desde la Primaria, pero no siempre es así y esta etapa de la adolescencia es muy cambiante y no hay una vocación definida. Al preuniversitario llegan muchos educandos que no saben qué estudiarán y lo concluyen con estas lagunas. Por eso la vocación debe empezar a defenderse en la familia y que luego la escuela haga lo que tiene que hacer, recalca esta mujer que se ha crecido dentro del sector y pasó seis años trabajando en la Enseñanza Media Superior.

OTROS APUNTES

Jorge Cano es un excelente muchacho y forma parte del Secretariado Provincial de la FEEM. A la altura de sus 15 años ha querido ser escritor, actor y maestro. Ahora piensa en la Medicina. Sus criterios corroboran lo expuesto por otros entrevistados, estudiantes y profesionales en ejercicio. A los círculos de interés le falta profundidad al momento de motivar al pionero. Su primera inserción estuvo relacionada con temas del derecho y piensa que esa ansiedad de los niños por ir a la escuela sea, quizás, la causa de que en la infancia todos quieran ser maestros y jugar a la escuelita. Ya en noveno es diferente, dice.

Para él, todo este proceso responde más a emociones de curiosidad que a sabiduría consciente de los oficios y profesiones.

Carlos Fernández Roselló es metodólogo provincial de la Organización de Pioneros José Martí y deja clara la diferencia entre formación vocacional y orientación profesional. No es lo mismo, recalca. Falta información sobre las diferentes carreras que pueden estudiar, tanto en alumnos como en profesores. La formación vocacional, con sus limitaciones actuales y el deterioro inevitable del Palacio y el Centro de Exploradores por la falta de recursos y los años de explotación, funciona alguna vez en cada escuela, aunque no tenga la calidad ni las condiciones de años atrás, dice y reitera que, sin embargo, la orientación profesional no se  prioriza como debe ser.

La investigación del doctor Iosvani Hernández cita lo planteado por Agudelo Mejías, quien testifica que la orientación profesional es la función dirigida a ayudar a un individuo a elegir un tipo de educación o una formación profesional de acuerdo con sus aptitudes, capacidades, intereses y las oportunidades de empleo, con el fin de facilitar su adecuación y adaptación al régimen de educación o formación profesional, de desarrollar sus potencialidades y prepararlo para la vida profesional.

¿Se cumple esto con el hecho de montar centenares de círculos de interés? No. Estos colectivos complementan la misión, afianzando los intereses primarios por una profesión. Puede que aquí esté la verdad sobre el porqué, si me pasé seis grados queriendo ser y jugando a ser… al final se opta por otra cosa. Los propios alumnos lo han dicho, la tentación por lo nuevo y la persistente curiosidad de los niños sustenta, en la mayoría, la afiliación a los círculos de interés. Incluso, a veces se debe al instructor que llegó primero a la escuela a mostrar y a captar.

¿LA VERDAD ABSOLUTA?

Muy difícil, siempre es relativa. Cierto es que la necesidad de reemplazo de profesores para los años por venir requiere de una interiorización profunda y no de campañas que mutilen la calidad, la empatía y la idoneidad que exige y merita una profesión de este tipo.

Verídico también que hay una resistencia familiar y, hasta social, por ingresar en carreras que no generan ingresos en moneda libremente convertible o muestren, de algún modo, la posibilidad de un mejoramiento económico en lo personal y doméstico. El magisterio no escapa de esta lista y se le pueden añadir muchas insatisfacciones en el orden material, comparado con la jerarquización que tiene la atención al hombre en otras profesiones. Por años no se le vende una muda de ropa a los docentes. Si bien el salario creció, también lo hicieron los deberes laborales y los precios. La entrega de viviendas es otro talón de Aquiles en espera. El éxodo de maestros, y las posibles razones de cada quien, son puntos de miras para la juventud. En el campo, pasan mucho trabajo para trasladarse hacia las distantes escuelas a causa del transporte.

Todo ello forma, sin dudas, estados de opinión, menoscabo de la imagen del profesional ante sí mismo y el medio en que se desempeña. Crea una falsa, quizás subjetiva o ególatra, competencia y al poner en la balanza la toma de decisiones, gana la que mejor se ajuste a los intereses personales, aspiraciones y modos de asumir la vida según las circunstancias. Y estas huellas oscuras están a la vista de los jóvenes, quienes, seguro, sacan sus propias conclusiones. Todavía hay historias que contar.

05/10/2008 06:36. tugrace #. Periodismo de Investigación No hay comentarios. Comentar.

Formación vocacional (I)

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 ¿Nudo o cuerda floja?

 

·       Definir qué uno será en la vida, parece una meta mucho más compleja que nunca. Hay indecisiones al momento de seleccionar los estudios superiores o su continuidad. El cambio de carrera, sobre todo técnicas, es un dolor de cabeza a inicios de curso. Vocación, oferta y necesidad social no siempre hacen un triángulo perfecto. El cascabel no encuentra al gato o ¿viceversa?

 

Por Graciela Guerreo Garay

 

Muchos hablan de un “don” que nace con uno. Otros dicen que la herencia familiar cuenta. Los más abogan porque hay que estudiar algo que sea rentable y garantice economía. Sin buscar aciertos o desaciertos en las posibles respuestas, la verdad es que hoy resulta muy difícil completar plazas en puestos claves para el desarrollo social, hacerlos coincidir con la demanda y la oferta de estudios y, a la vez, encontrar criterios certeros en sus protagonistas, los estudiantes, fundamentalmente de Secundaria Básica.

El problema se asocia a disímiles causas y consecuencias. En el plano subjetivo subyacen raíces históricas que marcan la preferencia por las Ciencias Médicas, como profesión de elegancia personal y pública arrastradas de viejos conceptos clasistas, aunque la fiebre de la computación le pega el juego a la Informática y la UCI es lo máximo en proyectos y aspiraciones para el 90 por ciento de los 20 alumnos de la Enseñanza Media que sondeamos. Lo curioso es que todos quieren “La Habana” y hacen gestos de perplejo desencanto cuando, intencionalmente, informamos la posibilidad de diplomarse en la provincia. ¿Vocación o boom situacional? La calidad está allá, fue el consenso de los entrevistados.

Por estas complicadas madejas del pensamiento, el intelecto y la realidad se mueven los vasos capilares de la formación vocacional, en la cual familia, escuela y sociedad hacen su parte y concretan influencias, no siempre a favor de lo que se necesita, las aptitudes del alumno, las posibilidades reales de obtener la disciplina que se quiere y el conocimiento y vocación del educando.

¿CAMINO PERDIDO?

Cultivar la inclinación hacia una profesión es un asunto que ocupa desde antes de la edad escolar y, según mayoría, el papel tutelar tiene mucho que ver con la historia del futuro. Sin embargo, las tendencias apuntan hacia una ruptura de lo que podría considerarse un arquetipo en épocas pasadas. Ya una buena cantidad de hijos no siguen el camino de sus progenitores.  La razón está, al parecer, en los sustanciales cambios sociales que imponen nuevos estilos de vida con miradas más profundas, previsoras e integradoras, sin ignorar la multiplicación de las facilidades y oportunidades existentes ahora contra propuestas muy específicas y limitadas décadas atrás.

Lo que sí parece cierto es que los padres saben qué quieren que sus chicos estudien, mientras estos sienten sobre sus cabezas las dudas de la propia inmadurez, el desconocimiento sobre tantísimos oficios y profesiones y la dualidad de presiones emotivas que ejercen la casa y la escuela. En este mar de seré o no seré navegan casi todo el tiempo de la infancia y la adolescencia.

Institucionalmente los Círculos de Interés son los mecanismos establecidos para buscar el equilibrio en ese vaivén de intereses, encontrados o no, que se tejen en su entorno y está claro que por largos años fueron los remansos donde cientos de estudiantes encontraron un espacio para probar destrezas, seleccionar preferencias y hasta apostar por el desempeño del mañana. 

Tiempos que se recuerdan como grandes sucesos escolares, familiares y personales son las exposiciones de estos multifacéticos colectivos grupales, actualmente adormecidos en la mayoría de las escuelas, sobre todo en las secundarias, pagando el precio de las carencias del Período Especial y las nuevas regulaciones económicas del mundo empresarial.

BUSCANDO PUNTALES

Orlando Zaldívar Ricardo, funcionario de la Dirección Provincial de Educación, atendió la actividad de los Círculos de Interés durante una buena etapa en los mejores tiempos de bonanza. Al conversar con él sobre las realidades que afectan un armónico desempeño en esta tarea, destaca que hoy conspiran muchos factores objetivos, fundamentalmente la descentralización y el apoyo verticalidad que contó desde sus inicios, tanto a lo que compete a las instalaciones pioneriles, al sector educacional y las empresas. El mayor peso recae ahora en las direcciones docentes y no a un plan rector, a pesar de que se controla y se orienta.

Hay muchas cosas que determinan -argumenta Zaldívar-. Antes existía un equipo que se llamaba Extraescolar y Becas que atendía la actividad y se desintegró a raíz de las transformaciones en el sector. Ahora cada enseñanza asume y a ello se agrega que tampoco a los organismos se les asigna, desde el nivel central, el presupuesto con que contaban antes. El perfeccionamiento económico del sector empresarial y las consecuencias materiales que trajo el Período Especial inciden directamente en que, poco a poco,  los organismos hayan recogido sus círculos del Palacio de Pioneros y  no funcionen como antaño.

Es evidente que la época de esplendor pasó. Jamás se ha logrado estabilizar, como secuencia, el trabajo de la década del 80. Las instalaciones pioneriles no escapan del deterioro por falta de mantenimientos y atención sistemática ante la carencia de recursos materiales y financieros. Se ha tratado de salvar el trabajo con el traslado de los instructores hacia las escuelas, pero el horario docente no da cobertura y de 90 minutos planificados, las transformaciones solo dejan espacio para 45. Según claustro y dirección, la atención vocacional queda para el horario extraescolar, es decir, después de las 4:30 de la tarde.

Los locales son otro problema. No hay por el incremento del número de aulas para cumplir la cifra de alumnos por profesor y, la mayoría de las veces, sino siempre y en casi todos los centros, los círculos de interés son una suerte de charla debajo de los árboles de las áreas aledañas al plantel.

¿JUEGO DE DADOS?

La política del Ministerio de Educación orienta que el 60 por ciento de la matrícula que concluye la Secundaria Básica debe ir a los preuniversitarios, al tiempo que el territorio elabora sus propias estrategias de continuidad a partir de las necesidades de cada localidad y la demanda de los organismos, fundamentalmente para las especialidades técnicas y la formación de obreros altamente calificados.

Hace años que las parábolas de este posible diseño son totalmente distintas a  etapas como las del 80 y del 90. Ahora hay una tendencia a preferir los politécnicos. Únicamente muestra índices estables o superiores la opción de ganar un pupitre en el IPVCE Luis Urquiza Jorge. Aunque la diversidad de puntos de vista es proporcional al nivel cultural de los entrevistados, tanto alumnos como padres hacen arista común al decir que no es fácil estar becado. Y a este pensamiento se le añaden argumentos prácticos y experiencias reales como el hurto de la ropa de cama, las dificultades del transporte, la falta de profesores en los centros internos, el gasto que representa para la familia y su apretada economía doméstica mantener la atención alimentaria y las necesidades materiales que ello genera, las indisciplinas y las condiciones de vida que lastran la buena imagen de estos planteles, el trabajo en el campo y la independencia que cogen los muchachos, entre otros aspectos relacionados con el ritmo de vida y las holgadas oportunidades que existen hoy día para coger una carrera universitaria o insertarse en los Programas Prioritarios sin tantos dolores de cabeza.

Para los estudiantes, hembras y varones, el régimen interno no siempre les va  al momento de las exigencias de un horario cerrado y un auto estudio programado y controlado y, de algún modo, dejaron entrever que esa no era la mejor opción pero sí el único medio cierto de ir a la Universidad. Sin embargo, de una muestra de 10 contactados, cinco de cada sexo, ninguno tenía todavía definido qué iba a estudiar y ya ahorita terminan su onceno grado y están entre los 15 y 16 años.

La experiencia de los Círculos de Interés no es desconocida para ninguno y, a pesar de no tener referencia de la época de realce de los mismos, estuvieron insertados en alguno durante la educación Primaria, básicamente, pero no consideran que les haya dejado huellas para saber con certeza qué ser y hacer para el resto de sus días. El embullo y la psicología particular, quizás, de quienes en aquellos momentos los captaron fueron los móviles. La Secundaria, al parecer, tampoco sembró semillas.

Con la duda en la agenda, tanteamos a otros jóvenes estudiantes que ya vencieron estas enseñanzas y tienen una carrera universitaria o buscan definitivamente su lugar. Alain Rodríguez, por ejemplo, acaba de terminar el Servicio Militar y se acogió a la Orden 18 para pasar un curso de nivelación y obtener un escalafón que lo lleve a la UCI. Se graduó de Técnico Medio en Informática en el IPI Conrado Benítez, pero en la Primaria y la Secundaria se vinculó con los Círculos de Interés de Bomberos, Tránsito y Pedagógico.

Para él no siempre estos grupos especializados definen la vocación de una persona, y está convencido de que la mayoría de las veces entran por embullo, no por convicción. Es una necesidad de descubrir cosas nuevas, lo bonito, pero no creo que todos lo hagamos pensando en serio que eso será nuestro futuro. Puede que en algunos sí, en mi caso no; afirmó rotundo.

Dafne Mancebo Rodríguez prueba con creces que ama su carrera de Estomatología. Sus compañeras más cercanas también sienten un nexo de pertenencia con la especialidad que las define. Empero, ninguna la tuvo en mente desde la niñez aunque en Elizabeth Hidalgo y Elizabeth Ramírez  puede hablarse de una tradición familiar. Para todas, los Círculos de Interés nada tuvieron que ver con lo que serán mañana y se forman hoy.

MUCHA TELA QUE CORTAR

Hay coincidencias de criterios en el personal docente de que la calidad de la información que se transmite en temas de formación vocacional no es hoy la misma de cursos anteriores. Las razones están expuestas aquí. Los intereses familiares han cambiado, a partir de retos totalmente diferentes que imponen el encarecimiento de la economía doméstica y el desarrollo del pensamiento analítico, incluso de los mismos estudiantes, en cuanto a la asunción de modos existencialistas.

Muchas profesiones de primera necesidad han mutilado sus valores por la subestimación social o han sido mal puestas en una balanza, donde pesa más, para un gran número de personas, lo que recibe el bolsillo que lo puede edulcorar al alma. El impacto de nuevas profesiones en estos nuevos tiempos de transformaciones sociales no siempre hala la soga para el lado bueno. Queda mucha tela que cortar y lo más inquietante puede ser, como nos dijo Zaldívar, que hay una necesidad primordial de que la gente sienta un poco más de pertenencia y se estudien especialidades que hacen falta para el desarrollo local y el futuro de todos. Hay que conjugar los intereses familiares y personales con los sociales, porque es la solución a nuestros propios problemas.

Y una nueva inquietud me gana el espacio. En la provincia faltan maestros y profesores para que el próximo quinquenio los recién nacidos en este milenio puedan aprender a leer y a escribir. La cifra de docentes que se jubila desde ya y hasta dentro de cinco años, sin contar los que dejaron el sector, es significativa. Hay estrategias muy bien pensadas para captar alumnos para las carreras pedagógicas, pero estudiantes y padres ponen resistencia.

Las Comisiones de Captación hacen lo suyo, sin embargo los esfuerzos no llegan a la meta. Seguiremos con el tema y ojalá, más temprano que tarde, no se haga máxima, por acomodamientos e intereses humanos, aquello de que nadie sabe lo que tiene, hasta que lo ve perdido.

06/09/2008 10:07. tugrace #. Periodismo de Investigación No hay comentarios. Comentar.


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