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Por Graciela Guerrero Garay        Fotos: Reynaldo López Peña 

Las Tunas.- No hay esa quietud de “mañana tranquila” que marca los domingos, a pesar de las ferias comerciales y el espacio que la mayoría deja al paseo. La ciudad está llena de flores, los jardines apenas tienen tiempo de estrenar sus olores bañados de rocío y, de mil maneras, los escolares de cualquier edad, acompañados de la familia, llenan las calles. ¡Es el día de Camilo!, y los tuneros van a rendirles su homenaje del 28 de octubre.

Esta generación no puede narrar con vivencias propias lo que conmovió, sacó de las casas y vistió de dolor la isla en 1959, cuando se corrió la demoledora noticia de que el avión Cessna 310, donde regresaba a La Habana  de un viaje de trabajo desde Camagüey, cayó al mar. Bastó ese infinito y respetuoso amor de pueblo por el más carismático de “los barbudos” para que, desde entonces, la tradición sea memoria viva, histórica.

Por eso hoy, a las 7 y 30 de la mañana, la escuela especial que lleva su nombre en el centro de esta urbe despertó con banderas e himnos, muchas flores y pañoletas de pioneros, quienes junto al resto de los adolescentes y jóvenes de la Federación Estudiantil de la Enseñanza Media (FEEM) se reunieron para recordar la fecha y, después, ir en caravanas hacia los ríos cercanos.

Con ellos también marcharon los trabajadores,  campesinos, combatientes y familias. Una cadeneta que del mismo modo dignificó a su mejor amigo de batalla, Ernesto Guevara. Símbolos de las luchas de ayer e inspiración de las actuales. El mejor sentimiento para concluir aquí la Jornada de homenaje a Camilo y Che.

¡Es el día de Camilo! El domingo no puede ser igual. Es un sello de sonrisas y certezas. Los dos grandes guerrilleros cabalgan. Los fusiles están vivos. Hermosamente florido este amanecer dominguero de octubre. Repito, no puede ser de otra manera, ni en esta ciudad ni en cualquier parte.