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Por Graciela Guerrero Garay    Fotos: De la autora y Tiempo21

Las Tunas. – De ahora para ahorita, como quien dice, la tormenta tropical Michel se convirtió en huracán y bañó de vientos y lluvias al occidente. Por aquí, de pronto, con el sol sobre la espalda, un nubarrón que parecía “inofensivo” desparrama un fuerte aguacero. Mi intención, por supuesto, no es profundizar en los fenómenos atmosféricos de esta temporada, sino qué pasa cuando estos eventos llegan y no todo está como debe ser en asuntos de higiene ambiental y reducción del riesgo de desastres.

Por cualquier barrio un simple recorrido de rutina hace notar que la recogida de basura es un asunto diluido entre la ausencia de los antiguos carretoneros, la poca disponibilidad de camiones para cubrir los ciclos programados y las indisciplinas de los comunitarios. Causas apartes, la realidad es que la fetidez, desechos de todo tipo y la descomposición de gases tóxicos contaminan el aire y los respiramos porque sí.

En una de las últimas trasmisiones del programa de participación ciudadana “Latir del Pueblo”  estos problemas fueron ejes del debate y de numerosas quejas en casi todos los municipios. Sin embargo, la desagradable y repetitiva situación puede traer consecuencias peores si azota un huracán o, como sucede en este mes de octubre, la lluvia simula el café de las tardes. La contaminación ambiental se acelera y los vectores encuentran el caldo ideal para nacer y crecer más rápido.

La poda de árboles requiere igual de una mirada “pensante y previsora”. En las últimas semanas muchos tuvieron que cortar los trabajadores de la Empresa Eléctrica, para realizar con éxito sus labores de reposición de las redes de distribución en los circuitos que abastecen la ciudad. ¿Alguien ha podido olvidar los desastres ocasionados por los ciclones Gustav, Ike, Sandy, Paloma e Irma? La falta de electricidad y la flora devastada estuvieron en los daños incontables porque, todavía, las perdidas físicas y económicas ajustan cuenta.

¿Hay que esperar que los vientos nos den en la cara para sistematizar una tarea de evidente urgencia ambientalista, prevista incluso en los planes de reducción de riesgos ante desastres naturales o de otra índole? ¿Es justificable no llevar a vías de ello esta actividad priorizada porque Servicios Comunales, por ejemplo, no tenga el recurso para asumirla? ¿Es tan difícil contratar con otros organismos los equipos, para poder mantener el ramaje de la flora urbana en las alturas consecuentes? ¿Cuesta tanto trabajo colegiar una decisión al respecto, más en esta temporada?

 

Son preguntas que hacen los lectores y las repito cada vez que levanto la vista del suelo. Problemas objetivos que, si bien requieren de un respaldo logístico, necesitan también de una atención consciente y responsable de sus ejecutores. O una determinación de los niveles superiores, para no invisibilizarlos entre las prioridades o el letargo del “no hay. No se puede”.

Con las medidas de saneamiento ambiental las cuerdas siguen tensas, pues más de un tunero se cuestiona de qué vale tener tantos compañeros y médicos (con consultorios que no tienen o abren a destiempo por esas razones) en la campaña si los basureros están llenos, la hierba crece y no escampa y el mal drenaje de las calles y avenidas, baches incluidos con agua estancada y fétida, son los reservorios naturales de los vectores y las epidemias.

En fin, el mar… como concluyó el inquieto anciano que no quiso decirme su nombre “porque lo importante es que se haga lo que hay que hacer. Hasta más de 15 días se pasan sin recoger la basura en La Loma y, cuando vienen, no limpian bien.  Las matas mírelas ahí…”.