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Por Graciela Guerrero Garay     Fotos: De la Autora

Nuevamente Marzo, con tu día circulado en el almanaque de la vida y las fechas memorables. Otra vez siento deseos de decir que este tercer mes de ponderarte es un ritual hermoso, pero pequeño ante la grandeza de tu pasos en un mundo que te aprieta la cintura, te nubla los ojos y hace que tus manos tengan más de todo lo posible… cayos, heridas, tierra, fusil, fuego, azada, desvelos, empeño, sudor… ¡Y no pierden la ternura!

Por los murales se anuncia la efeméride. Hay complicidad en los compañeros de trabajo para brindar por ti el ocho próximo. En casa también te darán flores y besos, quizás algún otro regalo. Eres el eje del estreno de una primavera que asoma un poco seca. Por suerte, aquí, en la Mayor de las Antillas, caminas libre y eres, decides tu vocación, tu familia, tus atuendos, tu destino, sin que ello, por supuesto, te salve de las cargas domésticas, de la violencia que viene escondida en un gesto extraño o conocido, en un beso que no te dan y lo mereces, en la ausencia tan simple de un piropo a tu entrega ilimitada y eterna.

Siempre vas de rojo, por eso marzo me parece demasiado corto para tu voz firme, quizás altisonante, pero necesaria y consejera, allá donde la madre es soldado y sostén, bandera y guía. Tus pasos cotidianos, imborrables, dentro y fuera de los trillos de las conjugaciones verbales.

Vas de rojo, mujer, porque eres vida. Desde el vientre y hasta ese lugar en que caben la paz y la armonía, donde la guerra es a veces la cordura o un soneto de luz interminable. Andas, internacionalizas tu nombre y multiplicas el don y la virtud del imposible. No importan las trincheras ni los mapas, las distancias y las dificultades.

Puede que hoy no estés donde estabas ayer ni estarás mañana. Mas, la huella y el perfume quedan y apuesto porque alguna semilla de tu halo despertará, de pronto, tu recuerdo, tu trabajo, tus ideas. Esa ascentral sabiduría que quizás te haya dado la costilla de Adán multiplica energías  cuando a  los fuertes les agobia el cansancio. Ciertamente, tanta tenacidad no es para una jornada de homenaje. Eres lucha, perdón y amor por siempre.

Vas de rojo mujer, porque te agitas en la esencia aromática de un beso. Porque tus pies no temen a las rocas. Porque sacas aliento de tu aliento. Vas de rojo mujer, porque eres sangre de victorias y pechos encendidos. Eres marzo, abril… la primavera. Eres tanta mujer en todas partes que, sin tintas de más, todo te alcanza para hacer de tu ser un verso vivo y convertir tu nombre en una estrella.

Hay complicidad en el ambiente. Bienvenida… siendo piel de tu piel… vamos a andar. No es al primer rompecabezas al que encontramos la ficha perdida.  En cualquier parte somos eso… Mujer… cinco letras que sacuden el mundo y renacen las nuevas primaveras. Marzo 8 es nuestro, pero tú y yo sabemos que cosechamos con dignidad el pan de cada día.