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Por Graciela Guerrero Garay     Fotos: De la Autora/Cortesía Lucy

“Nací un día de primavera, 28 de abril de 1966, a las 4:30 de la madrugada en Las Tunas, en la antigua Maternidad Vieja. La gente de mi edad y más, saben del lugar que digo. Ahora eso es el Centro de Higiene y Epidemiología. Según el Horóscopo, pertenezco a los signos zodiacales Caballo, en el chino, y Tauro en el tradicional”, dice con el rostro iluminado siempre por una sonrisa, aún cuando esté invisible para la retina humana.

Así es, apasionada como Gertrudis Gómez de Avellaneda, con un detalle a flor de piel que la convierte en una amiga esperada, una literata emprendedora y fuertemente mágica. Persona excelente, con una historia, un consuelo, una frase optimista y un mensaje de amor en la cartera, tal como si lo hubiese guardado para ti y para el minuto exacto que lo necesitas.

No pasa inadvertida esta mujer que gusta lucir y romper cánones por donde quiera que toque su mirada aguda. O pone “Costuras sobre la lengua” sin piedad, pero con la misma ternura que desgrana su obra poética, donde la décima hace luz sobre el papel en blanco.

EN LO ALTO DEL MUNDO

“Me llevaron desde muy pequeña a la finca de mi abuelo, un hombre amable y culto, abogado y poeta. Se llamaba Pascual y su padre, Don Juan Maestre Lecunza fue el primer juez que tuvo la ciudad de Las Tunas. La Larga era inmensa, con naranjales, mangos, aguacate…, árboles de todo tipo. Me relacioné con los animales y las plantas y escuchaba mucha radio. Mi padre me leía mucho antes de dormir, después lo hacía sola. Era un acto privado para mí, algo especial…”

Tunera de raíz propia, es mucho más sencilla y modesta cuando los justos elogios piropean su intenso quehacer como investigadora,  guionista, editora, profesora, relacionista pública, escritora… talento que germinó entre verdes praderas y las bibliotecas de aquella casa de campo, donde a los diez años una chiquilla inquieta ya había leído a Salgari, Verne, Homero y otros clásicos, y amaba las enciclopedias “El tesoro de la juventud”, regaladas por su abuelo.

“Creo no pudiera vivir en otra parte. He probado en La Habana, donde trabajé dos años en la Biblioteca Nacional, y la tristeza no me abandonaba. Viajé a Canadá y fue insoportable la melancolía, la depresión que me produjo la nieve. No pude escribir una línea en esos cuatro meses. Echaba de menos el olor y el sabor del café en colador, el paisaje, la gente, mis perros, mis libros, mis plantas… mi pueblo. Cuando me preguntan si soy tunera, digo que sí orgullosa, porque extraño hasta el olor de los caballos que pasan por la calle donde vivo”.   

Los libros y su entorno fueron compañeros desde siempre. “No tuve hermanos. Recuerdo que apartaba los juguetes y me ponía a leer. Soñaba con los personajes de los cuentos, me ponía en su lugar y sufría y me alegraba con ellos. Guardo todos esos momentos de mi infancia… cuando mi querido primo Juan Carlos, Juanqui, me enseñó a montar burro. Ese paraíso me marcó para siempre. No me gustaba mucho la escuela. Veía a los profesores muy inteligentes pero con muy malos modales, nos gritaban por cualquier cosa. En las clases de Matemática yo escondía un libro debajo de la mesa y me ponía a leer”.

“Hija del polvo” lo quiere como el primogénito, empero lo encuentra lleno de imperfecciones. “No del editor, que es un maestro, Antonio Gutiérrez, sino mías. Tony fue muy respetuoso como siempre. A veces, quiero quemar el libro, desaparecerlo de los lugares. Fue un libro que también se vendió bien. No es verdad que la poesía no se venda. Es íntimo y a la vez coloquial. Es un hijo con muchos defectos, pero ya tiene vida propia. Amo mucho a mi pequeño libro “El caracol y la cinta”.  Es una historia de amor que nadie sospecha, solo los que han leído bien a Martí.”

“La cuarta palabra”… “No corrió la misma suerte. Tengo el orgullo de que la cubierta me la hizo Ares, pero al imprimirse en la Rizo tristemente quedó con tonos grisáceos, aunque es una ilustración hermosa. Es de reseñas, crónicas y artículos sobre libros y autores, en su mayoría de la Editorial Sanlope. Es un homenaje al trabajo y la dedicación de los escritores tuneros, y como género de pensamiento, es más apropiado para consultar”.

Crítica por devoción, con el alma abierta, su obra gana espacios en diversas antologías de México, Estados Unidos y España. “La Editorial de la Mujer y Gente Nueva me hacen feliz al incluirme en sus antologías. Sí, tengo un libro inédito, Mansedumbre de las especias, que me gusta mucho. Está escrito en poesía con estrofas antiguas en su mayoría. Estrofas de la métrica española, a excepción del soneto, que es italiano. Estrofas olvidadas como la soleá, la endecha, la trinada, la rima al mezzo, la seguidilla… Es un libro con un erotismo lírico, un poemario amoroso. La Editorial Encaminarte, de la Asociación Hermanos Saíz, con el coauspicio de la escritora Odalys Leyva, ha tenido la gentileza de pedírmelo para publicarlo. Por trabas burocráticas todavía no pueden vender. Es un libro hecho a mano, solo se publican 200 ejemplares, pero estoy feliz por ello”.

Agradecida de otras literatas, Odalys y María Liliana Celorrio, como de quienes alguna vez le ayudan hasta con gesto, esta mujer de embrujada existencia y encantos tan extraños confiesa que tiene muy mala memoria para retener los agravios y que jamás escribe algo por venganza, como alguien pensó al leer “Costuras sobre la lengua”, la cual levantó ronchas con sus buenas historias y malas palabras.

“No es nada nuevo bajo el sol, solo se inserta en el llamado realismo sucio en ocasiones, en otras es  más lírico, pero la gente solo se fija en que tiene malas palabras… malas palabras que yo apenas digo, sinceramente, al menos no en mi conversación, solo cuando me machaco un dedo. La literatura es otra cosa. Es un error confundir autor con narrador, eso se llama autobiografismo. Son historias, unas las viví; otras me las contaron o escuché, o se las robé a alguien. Eso lo hacen todos los escritores”.

SUEÑOS ENTRE CIELO Y TIERRA

Sueña…quizás quedó soñando desde la primavera que le dio luz. “Si volviera a nacer volvería a leer mucho, a amar los animales y las plantas, la lluvia. Volvería a creer en Dios, pero un Dios como me enseñó mi padre, un Dios mío, único. Él decía, como buen masón, el gran arquitecto del Universo, un Dios que no cabe en ningún templo y está en todo lo vivo, un Dios amoroso, no castigador. Si volviera a vivir confiaría más en mí, en mi intuición y amaría más a todos. Amar, amar… hasta que duela, como decía la Madre Teresa”.

Escribe. Una pasión “endemoniadamente rotunda” porque la “literatura es un arma, una bomba, una granada”. Hace su mejor gesto y suspira. Vuela sobre el atisbo de hojas secas, impredecible.

“Mis sueños tienen que ver con la publicación de mis libros. Para jóvenes y niños tengo dos noveletas, ojalá alguna vez salgan a la luz. Este año se realizará un sueñito, que es la publicación de “La sombra del ciervo herido” por Ediciones Santiago. Otros sueños son mi poesía; tengo dos libros inéditos y otro que escribiré. También tengo sueños terrenales como transformar mi patio lleno de hojas de otoño en un bello jardín. O que los directivos de Cultura tengan más sensibilidad para tratar a los artistas y nos den nuestro justo valor. Sueño con una sociedad más justa, donde yo no deje de escribir para correr a buscar plátanos. No porque no sea importante, sino porque para mí primero está el arte, la escritura…”

Morfeo no deja despertarla. Esta tunera sigue ahí. “Me gustaría escribir una novela radial. La radio está vinculada a mi vida, a mi madre le encantaba la radio y desde niña, en mi casa de la finca, yo escuchaba radio. No tenía televisor y doy gracias por ello. La imaginación que proporciona la radio jamás la logra la televisión. Lo que sucede es que estas generaciones de ahora son muy visuales, y mi generación es más auditiva. Yo lo agradezco. Mi punto G está en el oído.”

Una enorme lista de todo lo bueno del arte y la música de ayer, hoy y siempre danza entre su voz y mi silencio. Ama los clásicos. Disfruta… “lo mismo una rumba de cajón que a Vivaldi. Adoro a Chano Pozo. Algunos pueden creer que soy una persona frustrada, aunque esté realizada a medias.  No tuve hijos biológicos, pero sí tengo hijos espirituales. Una está constantemente renovándose, de modo que aún tengo sueños por cumplir en todos los órdenes, pero sí estoy contenta conmigo. Se hace camino al andar.”

El tsunami del tiempo quiere ganarnos la partida, pero no voy a callarla aunque peque por unas cuartillas demás. Es sano oírla decir, atrapa. “Mis preferencias son múltiples, heterogéneas, caóticas, eclécticas. No dejaría de leer todos los días, ni de hacer un bien o, al menos, intentarlo. Ni de darle de comer a mis perros, ni de pedirle a Dios, por todo, o casi todo. Sueño finalmente con no volverme loca y tener salud y dormir bien. En eso consiste para mí la felicidad; en amanecer sin angustias y sentir la brisa en la cara, y mirar los pájaros, los árboles y la vida.”

Cubana. “Me gusta el cine, el chocolate, el café, el mango, la piña, el te, las montañas, la risa, el yoga, el budismo, las especias, los árboles, el río, la música, la oración, las palabras, las casas de madera, los castillos, los fantasmas, el número 7, Fidel Castro, Facundo Cabral, la primavera, la Madre Teresa, Camilo Cienfuegos, Allan Kardec, Martín Luther King, Washington… la lista sería interminable.”

Indetenible observadora. Locuaz. Analítica. “El mundo de las letras en Las Tunas, aunque algunos no lo piensan así, creo tiene sangre nueva que le insufla energías renovadoras a la literatura. Basta visitar los municipios para conocer cuántos jóvenes y no tan jóvenes escriben de manera muy interesante. Algunos critican los talleres literarios, pero no podemos soslayar su valía, sus aportes. En el país también se esbozan rostros frescos, luminosos, y es que Cuba sigue siendo un baluarte de las letras en el mundo hispano y latinoamericano.”

Una suave llovizna le besa el sombrero cuando sale de mi casa. Ahora soy yo quien agradece su talento y bondad. Tengo la sensación de andar entre hermosos caballos y amaneceres campesinos. Una décima le persigue. Es difícil no sentir el deseo de retener su expresiva voz un poco más. Esta tunera bien criolla, literaturísima, si vale el término, es una mujer encantada y tiene nombre: ¡Lucy Maestre Vega!