20131021060425-pollitosheilita1.jpg

 

Texto y Foto Graciela Guerrero Garay    

Compartir tu vida con algún animal –mascota es tan común como tener en casa un macetero con una planta natural u ornamental, pero, a veces, cuando los hijos son pequeños nos invade la duda. ¿Será bueno? ¿Cuál escogemos? Y si al final no tienes la respuesta adecuada o estás convencid@ del  que debes elegir según las condiciones de tu vivienda, lugar y tiempo del que dispones para cuidarlo, buscas asesoría especializada. Mientras, aquí te doy algunas pautas que pueden ayudarte.

Si tu hij@ se aferra a tener un gato, no lo dudes. El bien será colectivo, pues hay estudios bien argumentados que demuestran que los felinos tienen el poder de relajar a los seres humanos y fomentar emociones positivas con su ronroneo. Incluso, se habla de ellos como animales terapéuticos, sobre todo para las personas que se sienten muy solas pues sus mininas caricias reducen el estrés, ayudan a sus dueños a tranquilizarse y son ideales para quienes padecen de problemas psicológicos o discapacidad.

Para los niñ@s que padecen de autismo, desórdenes de conducta, depresión, hiperactividad y son víctimas de algún tipo de violencia doméstica o tienen el Síndrome de Down las investigaciones científicas lo recomiendan como mascotas idóneas. Y está probado que su cercanía contribuye a la disminución de los niveles de presión sanguínea y el colesterol, al tiempo que influyen en los indicadores de supervivencia en los pacientes con episodios cardíacos.

Si te sorprende esta mágica protección que esconden esos tiernos gatitos, deja la duda a un lado y decídete. Una investigación de la Universidad de Minnesota, en Estados Unidos, afirma que sus propietarios tienen menor probabilidad de morir a consecuencia de un infarto, pues si bien su presencia y compañía no curan, refuerzan la comunicación familiar, provocan y hacen devolver sonrisas y tienen una peculiar manera de trasmitir seguridad y confianza en los momentos de intercambiar caricias y mimos.

Esta influencia enigmática y misteriosa de los felinos era utilizada para sanar en civilizaciones muy antiguas, pues ellos tienen una frecuencia vibracional muy elevada en su código genético que ayuda al hombre a equilibrar sus corrientes energéticas que, de distorsionarse, responden atacando a los órganos y vísceras. Entonces, esta mascota, por intuición, se coloca donde existe el exceso o déficit de energía y la desbloquea por ley natural permitiendo que fluya debidamente en nuestro interior.

¿Ya decidiste complacer a tu hij@ en su deseo de tener un gato como mascota? Hay otra  razón más para que lo hagas. El sonido que emite su ronroneo cura fracturas de huesos. Esto es posible por los mantras especiales que realizan al emitirlo, los cuales permiten que renueven tu energía interior y ésta actúe sobre los chakras. En esta terapia natural influye incluso el color del pelaje de este animalito y la velocidad en que trasmiten con su mirada el gran don revitalizador que llevan dentro.

Un último consejo para ti. Si te inquieta donde pueda tu gatito hacer sus necesidades porque no tienes patio y vives en un apartamento, busca un recipiente de metal – para que sea duradero – y llénalo de arena. Desde el primer día hazle el hábito de que allí tiene que hacer sus necesidades y verás que por sí mismo va cuando lo necesite. Cámbiale la tierra una vez por semana como mínimo. Con esta mascota todos en casa pueden ser más saludables.