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Texto y Foto Graciela Guerrero Garay

La cría de animales domésticos en Cuba salta por encima de la utilidad que pueden tener diferentes especies para la alimentación, dada la peculiar costumbre entre cubanos y cubanas de tener alguna mascota en casa, no solo como un modo de satisfacer las voluntades o inclinaciones afectivas de los más jóvenes del hogar.

El hecho es que cada vez con más fuerza los adultos se suman a esta necesidad, la cual simuló por años ser “capricho de muchachos” y, deviene, según vivencias recogidas por 26 Digital en Las Tunas, en una tendencia a convertirse en tradición en este siglo XXI.

Los cerdos –puercos para la mayoría – básicamente se criaban en el campo y era muy difícil encontrar a un campesino que no tuviera algún marrano en el corral, o suelto por los potreros. En la década del 90, con la llegada del Período Especial, la carestía de productos cárnicos y las limitaciones de abastecimiento en los mercados estatales trajeron a la ciudad a estos animales, hoy una de las fuentes principales de sustento en la dieta doméstica. 

Independientemente del ingreso económico que representan para muchas familias desde entonces, la relación afectiva es evidente con sus propietarios y se refleja en el instante de personalizarlos con nombres de amigos o familiares, crearles horarios para sus necesidades fisiológicas y hasta formarles hábitos de aseo al estilo “de la raza humana”. Incluso, los más apegados y curiosos, les confeccionan ropitas para los paseos por el barrio y lloran al momento de venderlos o sacrificarlos.

En esta lista – que se me antoja nombrarla Mascotas  Singulares – aparecen las aves de corral (léase pollos, patos, guanajos y guineas), las cuales también se crían como meros personajes de la casa, tienen sus platos, sus camitas y hasta los más majaderos, como llegan polluelos, duermen siestas con sus dueños o los acompañan a todas partes sobre el hombro, con la añadidura de que responden igual a nombres de personas.

Ahora el descanso estival es un vehículo perfecto para tener más tiempo de disfrutar de estas compañías especiales y, asimismo, un problema si la familia planifica un viaje largo. ¡Hay que buscar un guardián!

Empero, la lista de mascotas en la Isla es mucho más diversa. Tradicionalmente, los perros y los gatos llevan la preferencia y destacan como los más comunes, aunque a juzgar por los hallazgos, las historias y las evidencias, sin perder el distingo, se puede decir que ya tienen fuertes rivales en las palomas, los pajaritos, las jicoteas, los curieles, los chivos, los pericos y los caballos, otra especie que hace leyenda entre los ingenios de la gente aquí. Supe de algunos que duermen en el zaguán.

Lejos de ser un chiste, esta biodiversidad doméstica une a especies tan dispares como una jicotea y un gato, un gallo con una perra, un curiel con un chivo, un caballo con un perro. Ellos, como la gente de acá, apuestan por ser felices y no se dejan agobiar por las circunstancias ni las situaciones estresantes. ¿Qué le parece? ¿Será que el criollismo y la chispa natural de los cubanos se pegan?