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Por Graciela Guerrero Garay   Foto: Tomada desde Google (Cadena SER)

Los venezolanos trasmiten ese volcán de convicción y luz que lleva América Latina en sus entrañas. Es un mar rojo lo que desborda a Venezuela desde que, con llanto y esperanzas, el mundo entero despidió al Comandante Hugo Chávez. Nunca se equivocaron quienes dijeron que “todos somos Chávez”.    Su cabalgadura, como el Quijote del Siglo XXI, irradia por las esquinas de este continente.

Mañana domingo, 14 de Abril, vamos TODOS  a las urnas a seguir sus huellas. Se respira el triunfo. Es un aliento que gravita entre el ideal y la certeza. No es una utopía, ni una probabilidad siquiera. Estos días de campaña electoral, Nicolás Maduro ha sentido el fuego de su pueblo. La invencibilidad de una voz, la unidad. Los venezolanos demuestran lo que en Chávez era un hecho irrevocable: “Ya tenemos Patria”. Y los latinoamericanos, más cercanos que nunca, viajamos al compás de esta semilla.

No es casual que siete avenidas de Caracas se llenaran de almas y puños por Maduro y por Chávez. Es la continuidad de un sentimiento, su voluntad, dicha con meridiana claridad, como siempre, antes de partir a Cuba para lo que fue su última intervención quirúrgica. Nacieron nuevamente el ALBA, CELAP, MERCOSUR, Yo Sí Puedo, Barrio Adentro… La historia bien contada de estos pueblos nuestros, decididos por y con su Revolución.

Faltan horas para el domingo 14 de abril. Elecciones en Venezuela. No habrá sorpresas. No lo creo. La oposición no tiene nada digno que ofrecer. Su agenda está estática, como las carcomidas piedras del infierno. Venezuela triunfó para siempre en 1998. Las encuestas de cualquier tipo traen la convicción de vuelta. Los procesos populares lo demuestran. Y en Venezuela hay y existe democracia.

No se puede esconder tanto y todo. Habrá quien guste de leer grandes artículos con una y mil razones empanizadas en teoremas políticos. Otros, prefieren un collar de números y un pescuezo de águila. A algunos les encanta el cuento de la Buena Pipa… y, así, de análisis y zorros, apotemas, mentiras y chiflidos puede marcarse cualquier tema de este mundo.

Casi domingo ya, prefiero, entonces, cerrar los ojos, volver sobre este jueves, en cierre de campaña, y pintarme otra vez en la memoria esa ola humana tan divina que llenó de fuegos a Caracas. Vibrar con mi América en su baile de victorias y de héroes.  Levantar un puño – o dos- por Venezuela y decir, por si acaso alguien lo duda, todos somos Chávez y aquí está mi voto por Maduro.