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Por Graciela Guerrero Garay

Este domingo los versos de Pablo Neruda parecen cuajarse en la pupila de la gente… “Puedo escribir los versos más triste esta noche…”  Sucede que todavía, a más de 48 horas donde millones de personas elevaron la autoestima de Nicolás Maduro y lloraron con él la dolorosa partida de Hugo Chávez, su magistral discurso repiquetea en todos los corazones buenos de este mundo.

Las distancias geográficas parecieron borrarse mientras sus palabras, chavistas, sentidas y evidentemente nacidas de las profundidades de la Patria de Bolívar, recorrieron cada kilómetro de Venezuela, saltaron por los satélites y los cables, por el éter y el ciberespacio y se cuajaron allí donde  hay un hombre “y tiritan, azules, los astros, a lo lejos”.

Sin dudas, el Presidente Interino a petición del Comandante de América Latina, el querido Hugo Chávez Frías, honró su nombre y sus enseñanzas. Habló como las multitudes que veneran su memoria y a las que despertó y unió para la eternidad. Todo dentro de la Constitución, con esa ecuanimidad convincente del líder del Socialismo del Siglo XXI. Meridiano, transparente, verdadero, visionario.

No sale de la nada que los canales de la Televisión y los medios de comunicación en el mundo sigan hoy reproduciendo o dando testimonios nuevos de millones de venezolanos quienes aseguran, ya, ir a las urnas con el voto para Nicolás Maduro. Tampoco es casual que en todas las naciones la gente común, el pueblo, manifieste su solidaridad y su dolor. Una mezcla de sentimiento firme y triste del cual sabemos, de algún modo existencialista, su alcance en momentos difíciles de la vida y el destino.

Quedó demostrada la continuidad histórica sembrada por Chávez para el continente. Y esos pequeños grupos del “NO” caerán, poco a poco, porque también al decir de Neruda… /“Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos”/.

Esta enorme nostalgia, la cual pega más grises a los aires de invierno que bañan por estos días nuestra Isla, la siento galopar sobre los Andes y la Patagonia, tal como se multiplica la certeza de no dejar morir la convicción vislumbrada hasta hoy desde todos los planos posibles.

La victoria demostrada por la correlación de fuerzas latinoamericanas, y la invicta lección de Patriotismo que nos legó para siempre Nicolás Maduro y su hermoso  hermano pueblo, es difícil de anular. Tiene ya un lugar de honra en la historia de la izquierda en América y el continente.

Repetir la vívida despedida de duelo siempre será imprescindible, pero no hace falta. Los justos, lo aplaudieron. Millones escucharon. Los adversarios de vergüenza debieron inclinarse. Otra vez me llega la certeza de que, en el planeta, cayeron sus palabras, como dice el verbo de Neruda: “…de las desgarraduras/ hiciste el edificio de la dulce firmeza/ derrotaste las uñas malignas y celosas/ y hoy frente al mundo somos como una sola vida/.

Las elecciones en la Patria de Bolívar están previstas para abril. Hoy lunes Chávez y Maduro se enardecen en el alma profunda de los pueblos. El ALBA seguirá de guía para los humildes. Con sangre, fuego y dolor están hechas, aunque la tierra llore y el verso se haga cierto: / “Puedo escribir los versos más triste esta noche…”/.