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Por Graciela Guerrero Garay   Foto: Tomada de 26 DIgital

Quizás este sea el 8 de Marzo, Día Internacional de la Mujer, más lacerado por el dolor en el mundo. La celebración, que antes y hasta hoy era de carcajadas y sonrisas, fiestas e intercambio de regalos e ideas con matices festivos, en la mayoría de los pueblos, especialmente en Cuba, está cuajada de un profundo dolor. La muerte de Hugo Chávez nadie ha podido ignorarla.

Empero, esta desgarrante verdad que cuaja lágrimas y pinta rictus amargos en los rostros de las mujeres, especialmente en América Latina, se convierte en fortaleza de unidad e himnos de combate en esas gigantes masas femeninas que, históricamente, están en pie de lucha por un futuro mejor para sus hijos, compañeros y naciones.

Un día de indescriptible luto marca el homenaje que quedó, por doquier, suspendido con un hito que lo enaltecerá en la historia: la voz vigorosa de las  latinoamericanas, fortalecidas y decididas a mantener y multiplicar sus conquistas, como lo hacen con una moral admirable las venezolanas, ante la ausencia de uno de los más extraordinarios seres humanos que este Siglo XXI tendrá el honor de preservarlo para siempre.  

Es difícil concebir sin llanto la especial jornada dedicada a la mujer en este planeta. Más, otra vez, el 8 de marzo deviene reto y clamor por la esperanza, la igualdad de género, el reconocimiento, la consideración doméstica y el acceso pleno a las sociedades donde nacieron y les pertenece un espacio junto al hombre.

En Las Tunas, como a lo largo de Cuba, las federadas - esas féminas comunes que transitan por las calles, van al trabajo, la escuela o, simplemente, asumen su rol de amas de casa-recibieron los besos, las flores y el estímulo ganado por todo y con todos, pero nadie esconde el dolor que siente ante la triste realidad que conmociona hoy a la tierra.

Pero, nuevamente, percibo en esta solidaridad evidente que trasciende más allá de lo que vemos por los canales de la Televisión Nacional y TeleSur, que igualmente es un 8 de Marzo muy especial: el dolor enorme une hoy las fortalezas de las mujeres en América y el planeta entero. Este es también un regalo que nos da Chávez aún después de su partida. No es una utopía ni palabras por decir cuando se afirma, sin demagogia alguna, en los cuatro puntos cardinales de este mundo, que hay hombres que no mueren, se multiplican.