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Por Graciela Guerrero Garay   Foto: G:G:G

Hoy, 14 de Febrero, San Valentín salta de mano en flor. Es una hermosa tradición que acuña las más triviales y profundas pasiones. Sirve para el beso especial o la mirada cómplice de esos amores platónicos o imposibles. Encuentros y desencuentros se respiran por las esquinas o los medios tonos de luz de las alcobas.

Dar y recibir ese halo de misticismo que llega con el Día de los Enamorados vuela entre los románticos y más frívolos. Lo cierto es que Las Tunas, la capital Iberoamericana de la Décima  y el Balcón del Oriente de Cuba, amaneció con un sol tibio y la misma intranquilidad en las vías. Unos camino al trabajo. Otros, a la escuela. Pero, los más, con las lisonjas que distinguen la alegría innata del cubano, con el aderezo imprescindible: ¡FELICIDADES!

Y que el amor es eso. Compartir, entregar, perdonar, tolerar. Aceptar la fuerza de un sentimiento, más allá de dos, con lealtad, gozo, respeto, confraternidad. Multiplicar ideas que revitalicen la vida, porque la vida, sin ese amor que levanta y mueve las rocas de lugar, humaniza y hace que la existencia tenga arcoíris en sus oquedades, es inconcebible.

Hoy amemos, no con sí, sino para todos. Esta ciudad es de los enamorados e invita, como todos los días, a buscar amor. Incluso, allí, donde todo parece perdido.

Epa, pues. ¡Feliz día de San Valentín! Si amamos, la tierra girará  más y más, con todos y para el bien de todos. Yo no lo dudo.