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Por Graciela Guerrero Garay

Proyecciones recientes  de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) confirman que este año se reducirá la producción mundial de cereales con una tendencia cada vez más alcista en los precios de los alimentos, entre los cuales el trigo y el arroz van a la delantera.

El impacto de esa realidad puede ser menos cruel para Cuba gracias al potencial humano y los proyectos agrosociales que desarrolla, aunque los cambios climáticos tensan las perspectivas con extensos períodos de sequías o abundantes lluvias y se sienten las consecuencias de los huracanes del 2008 y  “Sandy”, en octubre último.

Con todo, la Isla puede enfrentar el reto de asumir la producción de arroz, en la que acumula más de 150 años de práctica en su cultivo y es el producto agrícola de mayor consumo en la dieta diaria de los cubanos.

En tal sentido, el Programa Arrocero –surgido en el lejano 1967- marca como prioridad uno en la agenda del Grupo Agroindustrial de Granos (GAIG), para contrarrestar las derivadas negativas de los eventos meteorológicos, las limitaciones financieras y las propias deficiencias internas que mermaron los planes y los rendimientos, obligando al país a importar desde Viet Nam más de 400 mil toneladas anuales del cereal a partir de 1990 y hasta el 2008.

A pesar de que el pasado año las cosechas tuvieron pérdidas por causas múltiples, objetivas y subjetivas, actualmente Cuba cuenta con una base productiva  que le permite acercarse a las metas y las necesidades y existe una exigencia millonaria integrada, para reducir las importaciones y encontrar una respuesta efectiva y realista en la cadena esfuerzo estatal- inversiones – productores.

De hecho, cada vez más la agricultura cubana mira la tierra y fortalece la formación de especialistas del nivel superior para garantizar el futuro del sector, y un ejemplo está justamente en este oriental territorio de Las Tunas donde, por primera vez en siete años,  se cubrieron todas las plazas puestas en convocatoria para estudiar Ingeniería Agrónoma en la Universidad Vladimir Ilich Lenin, cuya Facultad asume más de diez proyectos de investigación con el apoyo de campesinos y empresas productoras.

Grandes retos tiene la Isla en el cultivo del arroz, más cuando las familias cubanas lo ubican como el plato elemental en su alimentación diaria, pero con afectaciones de todo tipo se puede hablar también de optimismo, pues estudios de factibilidad del programa de desarrollo integral consideran un incremento productivo para la etapa 2012-2016 y abarca el proceso siembra,  cosecha, beneficio y comercialización.