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Por Graciela Guerrero Garay    Foto: 26 Digital

Doce años, plena adolescencia, cual muchacha retozona que busca empinarse en los tacones más bonitos de la casa. Empero, tú, 26 Digital eres ya toda una gran mujer. O, ¿por qué no?, un señor maduro e inteligente, quien, sin sentirse acabado en crecimiento, estilo y aventuras virtuales, anda seguro por el mundo , gana amigos, multiplica sus manos y se hace más fuerte y cotidiano desde su alcoba: el departamento de internet del Semanario 26, su padre impreso y quien le nutre de ideas, principios, talento y dinamismo.

Orgullo de un colectivo que, entre sustos y alegrías, le estrena colores nuevos, le abre espacios a sus opciones, coloca las mejores fotos, le busca el corazón y se lo entrega. Un nuevo aniversario hoy 15 de marzo, una fecha que nunca podrán olvidar ni los gestores ni sus lectores. El reto consumado que se empina en el tiempo y seguirá, con la avidez del primer día, buscando los caminos más ciertos.

Un cumpleaños feliz, de cualquier modo. Porque crecen con las semanas las naciones que lo visitan, los tuneros que lo buscan allende los mares, los talentos nuevos que se suman a su sistema operativo y le recrean el cuerpo con historias frescas, citadinas, locales, nacionales, internacionales... Es bueno saber que corre por las redes sociales que unen multitudes en el ciberespacio y le dejan su huella positiva, le comentan, le dan sus parabienes.

Un día de suerte cumplir un año más, con tantas preferencias. Con puntos que le traen estrellas a sus artículos. Con una arquitectura integrada, funcional, atractiva, superior. Un aplauso que vibra desde adentro y se agradece, después, cuando las cifras hablan de seguidores propios, diversos, sin importar cuan lejos estén de este Balcón cubano que en el oriental territorio de Las Tunas, en rojo y negro, como el 26 de batallas y glorias, se hace luz y se acerca, en español o en inglés, a sus miradas.

26 Digital, felicidades. Hoy es jueves y la historia de tu casa grande, Cuba, va contigo. Eres y estás. Creciste y no detienes el estirón de tus letras virtuales, de tu voz en imágenes, de tu raíz y tu verdad congénitas. El poeta puede regalarte un verso. El censor, alguna espada ensangrentada. Pero los más, porque son más, te llenarán de besos. Doce años es plena adolescencia, pero tú, magistralmente convencido, a un pantallazo, abres tus venas claras y nos das vida. Y esa fuerza especial, pregón tunero, ya trascendió el planeta y nos orgullecemos.