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Compuestos de plantas y vitamina B- 17   (I Parte)

Gentilmente Antonio Muro tuvo la buena idea de compilar los interesantes trabajos que, sobre el tratamiento del cáncer, logra el naturópata coreano Dong Kyu, quien por más de una década padeció de la temible enfermedad.

Por lo extenso del texto, esta vez les entrego a ustedes, mis queridos lectores, la primera parte de este material. Espero, con la misma buena voluntad que Muro permitió llegara a mis manos, les sirva de utilidad y conocimiento. Y si conocen a alguien que pueda estar necesitando de esta ayuda, por favor, deséenla... (Graciela Guerrero Garay)

 

Dong Kyu, naturópata coreano residente en España, padeció hace ya más de 10 años un tremendo cáncer que le afectaba al estómago, al intestino grueso y al pulmón. Desahuciado por sus colegas decidiría buscar por su cuenta cómo vencer la enfermedad. Y tras visitar Houston y Alemania y bucear en muchos estudios desarrolló una singular terapia basada en la aplicación de un compuesto de semillas ricas en vitamina B17 y otro de plantas coreanas que le permitió sobrevivir al cáncer. Desde entonces, mientras trata de ayudar a quienes hasta él se dirigen para superar la enfermedad, busca apoyo institucional para validar sus productos.


Han Dong Kyu tiene cerca de 70 años y ha tenido que convivir más de quince con los distintos tumores cancerígenos que invadieron todo su cuerpo -desde la oreja al intestino- y a los que venció buscando en la naturaleza soluciones que luego experimentó en sí mismo. Agradecido con la vida, hoy trata de ayudar a superarlo a quienes, merced al boca a boca, tuvieron conocimiento de los resultados que obtiene en el tratamiento de muchos cánceres. Sus pacientes son su "evidencia clínica", las "pruebas vivientes" de los logros que obtiene. Claro que esos testimonios no tendrán "validez científica" mientras quienes pueden efectuar las pruebas, ensayos y protocolos necesarios no se animen a constatarlo "oficialmente".

 

Es más, son esas "pruebas vivientes" las que llevaron a Han Dong a ponerse en contacto con nosotros lo mismo que anteriormente intentó que le escucharan las más altas instituciones del estado sin conseguirlo. Y eso que hay una larga lista de personas dispuestas a acudir a donde haga falta para testimoniar que el tratamiento aplicado por este esforzado naturópata coreano les ayudó a superar el cáncer. Personas cuyos testimonios son similares.

 

"En septiembre de 1993 me diagnosticaron un cáncer epidermoide (en la lengua) bien diferenciado y avanzado -cuenta Lourdes Sánchez-. Tenía la lengua destruida y se me había pegado a la base de la boca. Los doctores del Servicio Maxilofacial no pudieron operarme y me enviaron al Servicio de Oncología. Allí me dijeron que el tiempo máximo de vida que me quedaba era de aproximadamente un año... pero aquí me tienen. Me pusieron tratamiento con quimioterapia y radioterapia pero en lugar de mejorar iba empeorando. Al margen de los efectos secundarios, que eran horribles, me iba encontrando cada vez peor tanto física como psicológicamente. Y empecé a hundirme. Sería entonces cuando conocí a Han, hablé con él, lo medité mucho y decidí ponerme en sus manos. El 30 de octubre de 1995, cuando ya tenía que haber muerto según los oncólogos, fui a verles a la consulta, les expliqué por qué en su momento había dejado el tratamiento convencional y por qué había aceptado el que me propuso el doctor Han. No aceptaron muy bien mi decisión pero ante las evidencias me mandaron un escáner y me remitieron al departamento de Maxilofacial para una revisión. Y allí me dirían que en el escáner no aparecía nada, ningún tumor, si bien agregaron que, a fin de asegurarse, me harían una biopsia. Pues bien, recogí el resultado el 5 de diciembre de ese año y se confirmó lo que Han y yo sabíamos: ya no tenía cáncer. Habíamos vencido al cáncer, a ese maldito cáncer que acaba con la vida de tantas personas..."

 

A María Esperanza Martín, periodista, cuyo marido murió de cáncer, la detectaron un tumor en el pecho izquierdo en 1993 siendo sometida a una primera intervención en la que le dijeron que, al menos de momento, no era necesario extirpar la mama. Sin embargo, en diciembre del 96, tras los resultados de las pruebas, la recomendaron una operación inmediata advirtiéndola ya de que, una vez dentro del quirófano, quizás tuvieran que extirparle los dos pechos. Se negó. Un mes después, en enero, decidía seguir el tratamiento del Dr. Han. Hoy, los resultados de las pruebas indican que está curada como puede apreciarse en las fotos que acompañan este texto. "Aunque la terapia parece agresiva -recuerda Esperanza- el estado de ánimo en todo momento es bueno. De hecho, yo continué presentando un programa de televisión local en el que trabajaba. No son dolores inaguantables, ni tienes mal aspecto, ni mal olor. La herida de la operación del hospital fue más agresiva. Además se me infectó y las curas eran muy desagradables. Y a eso se añadía el malestar general debido a los antibióticos y medicamentos que tomaba. Porque todos los fármacos tenían efectos secundarios y acabaron dañándome el estómago. Con lo que me dieron más medicinas, ahora para proteger el estómago. Es decir, el cuento de nunca acabar. Sin embargo, con la medicina natural de Han esto no ocurrió. No tiene contraindicaciones, ni efectos secundarios. Al parecer su medicina cura y reacciona dependiendo de cómo esté el cuerpo de la persona. Los resultados son muy buenos. En dos meses, gracias a mi fe y a Han, estuve curada". Esperanza recuerda, dolida, que cuando volvió al hospital público para explicar a los médicos el tratamiento que había seguido, lo conocieran y además confirmaran los resultados... éstos se negaron a hacerle las pruebas diagnósticas. Esperanza hoy imparte cursos de relajación y terapias de autoayuda porque está convencida de que la curación es más rápida después de prepararse mentalmente para el abordaje de la enfermedad.


EL MÉTODO HAN

"No es magia -nos diría sonriente Han Dong cuando nos entrevistamos en él-. La medicina natural tiene 5.000 años de historia y todas las sustancias que yo utilizo están en la tierra, en los árboles, en los minerales, en los animales e, incluso, en los insectos. Es una lástima pues que no exista una colaboración más estrecha, a todos los niveles, entre la medicina convencional y la natural para cercar al cáncer. No entiendo por qué los oncólogos no quieren escuchar".

Han Dong nos explicaría entonces que la base de su tratamiento se encuentra en el calor y en dos complementos elaborados con sustancias naturales. El primero de ellos consiste en una sencilla mezcla de semillas de algunas frutas comunes en Occidente y ciertos frutos del Amazonas, todas ellas ricas en vitamina B17, un producto alabado en el ámbito de la medicina alternativa que sin embargo provoca una dura controversia entre los miembros de la ortodoxia científica.

En cualquier caso, Dong mejora la acción de la vitamina B17 administrando un segundo producto que "acelera el proceso de recuperación" -afirma- y es el resultado de la licuación de diversas plantas coreanas, algunas de la cuales ni siquiera tienen nombre español y de las que el naturópata destaca por su eficacia el Tomok y el Yon Za. Un complejo herbal al que llama familiarmente "vitamina B18" aun sabiendo que no es tal. En cualquier caso, nos explicó que se trata de un complejo rico en gluconato de benzaldehido, sustancia también presente en la vitamina B17.

El proceso de ayuda a los enfermos de Han Dong está basado en su experiencia personal porque, tal y como entendían sus ancestros en Oriente, "nada que no haya sido probado previamente en uno mismo debe ser aplicado en otros". Y Han Dong probó en sí mismo una y otra vez diversas sustancias naturales hasta elaborar un tratamiento que luego iría mejorando. De tal guisa obtendría la experiencia clínica actual que posee -y que sólo un necio despreciaría- y ya comparte con colegas de Estados Unidos, Alemania, Austria y, por supuesto, Corea.


EL CALOR

 

Aunque parezca increíble, Han Dong comienza localizando las células tumorales mediante un singular método que consiste en aplicar calor en la zona afectada usando un aparato patentado por él que permite la cocción de distintas plantas medicinales y hace que el vapor pase a través de un tubo de plástico que aplica directamente sobre la piel. Ello permite no sólo conseguir determinados efectos terapéuticos con el vapor medicinal -como el aumento de leucocitos o el tratamiento del dolor- sino hallar la localización exacta de las células tumorales. Y es que como la resistencia de las células cancerígenas al calor es menor que en las células sanas... se va dibujando sobre la piel un "mapa" más o menos extenso de manchas rojas que se corresponde con la zona donde hay células tumorales. El tamaño y la extensión de las manchas delimitan pues la extensión de las células malignas. Este tratamiento debe seguirse durante varios días -depende de la resistencia progresiva del paciente al mismo- hasta que físicamente se revele, por su distinta coloración, el núcleo principal del tumor. Y así, de manera tan sencilla, Han Dong no sólo localiza dónde hay células cancerígenas sino que comienza de forma paralela el tratamiento ya que como las células cancerígenas son más sensibles al calor que las células sanas difícilmente sobreviven a una temperatura superior a los 42º.

La propia American Cancer Society reconoce las posibilidades del calor como terapia en la lucha contra el cáncer.

"Hay evidencias -puede leerse en uno de sus documentos- de que la terapia de calor local y general puede detener el crecimiento de los cánceres y aumentar la efectividad de radiación y quimioterapia en algunos casos. Parece trabajar aumentando el flujo de sangre y volviendo más sensibles al tratamiento convencional a las células cancerígenas".

Los defensores del uso del calor proclaman que actúa como una "fiebre" que ayuda al cuerpo a luchar contra la enfermedad, algo de lo que reniegan los médicos ortodoxos. Y eso que Dong los deja en evidencia cada vez que utiliza los rastros dejados por la especial sensibilidad de las células cancerígenas y su cambio de color para dibujar el mapa de situación de las mismas sobre el cuerpo humano.


Por lo que en la revista sabemos el primer caso documentado de curación debido al "calor" en un caso de cáncer se dio en 1866. Según el médico alemán M. Busch a un paciente suyo le desapareció un sarcoma en el cuello después de experimentar fiebres altas. Más tarde, ya en 1893, el ginecólogo sueco F. Westermark administró a una enferma con un tumor intrauterino bacterias tóxicas extraídas del Estreptococo y del Serratia marcescens a fin de provocarla fiebre al mismo tiempo que la aplicaba calor mediante un recipiente conteniendo agua caliente.

Como en tantas otras ocasiones las "evidencias científicas" de estos casos se consideraron "débiles" y fueron rechazadas. Lo que no impediría que siguieran utilizándose distintos métodos para elevar la temperatura de las células cancerosas, desde electrodos de radiofrecuencia a la perfusión o transfusiones de sangre previamente calentada a un determinado órgano afectado por el cáncer. De hecho, el Instituto Nacional del Cáncer en Estados Unidos está patrocinando actualmente tres ensayos en fase II que usan terapia de calor en todo el cuerpo en combinación con quimioterapia para tratar a los pacientes de melanoma avanzado. Y un estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences en noviembre del pasado año informaba de la investigación sobre un nuevo método para combatir el cáncer basado en nanopartículas calentadas e insertadas en el tumor. Según se explicaba, con la ayuda de un escáner se insertan en el tumor nanopartículas de un tamaño aproximado de 110 nanómetros (110.000 millonésimas de metro) fabricadas de sílice y recubiertas de oro. A continuación se irradia luz sobre la piel que recubre la zona afectada, las ondas infrarrojas atraviesan la dermis y calientan las partículas generando -en unos cuatro a seis minutos- la temperatura suficiente como para dañar las células cancerígenas y lograr que el tumor no siga creciendo.

Otro ejemplo de tratamiento eficaz contra el cáncer es la utilización de la Hipertermia que producen los aparatos de la empresa Indiba, completamente distinta de la obtenida por otros métodos y aparatos ya que logran aumentar la temperatura de la zona sin que haya aumento de calor. Se trata de sofisticados aparatos que transforman una energía fría de alta frecuencia relativa (0,5 Mgh) en un aumento de temperatura interna que no quema. (vea lo publicado sobre ello nuestra web: www.dsalud.com).

Obviamente lo que hace Dong está lejos de tan alta tecnología. Representa la manera ancestral de contemplar la salud y el uso del calor contra el cáncer. Y, sin embargo, aporta un novedoso punto de vista: "Todos los cánceres -afirma- se originan en la zona exterior del organismo para evitar el calor interior. Las células cancerígenas tienden a migrar hacia las zonas más frías del organismo. Por eso el corazón y el intestino delgado, órganos calientes, nunca presentan cáncer. Añadiré además que la mayoría de los enfermos de cáncer son frioleros y que el estado de los mismos empeora durante las estaciones frías. Ello se debe a que el frío propicia un crecimiento rápido del cáncer. Las células tumorales buscan siempre estar lo más cerca posible del exterior por lo que la aplicación externa de calor delata su presencia al enrojecerse más que las células sanas, algo que nos permite obtener una visión certera de la extensión del mal".