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Por Graciela Guerrero Garay

En su rostro no habita la tristeza. Algo muy fuerte, desde el interior de su alma, le guardó las lágrimas aunque en las tardes de domingo los recuerdos toquen las puertas de la ansiedad y el silencio. Es como un ritual sagrado, donde cada cosa tiene su espacio y su misión concreta. Donde cada minuto trae de vuelta un gesto, una palabra, una acción.

A simple vista no se puede captar la hondura de la herida ni el descalabro emocional de la ausencia. Tampoco hay frases registradas para ilustrar los sentimientos de dolor, más si la injusticia y la impiedad le alejan el fruto genuino de su vientre.

El tiempo no borra la impaciencia. Al contrario, cada día es más largo, más intenso. Tiene que multiplicarse la voluntad y aferrarse a ese instinto humano que hace confiar en la esperanza, los sueños y el amor. Por suerte, no está sola. Nunca lo ha estado. René no le puede dar los abrazos de siempre ni regalarle la sonrisa del sol que trae retenida en sus ojos, pero muchos otros hijos le han nacido. Esta es la fortaleza que sostiene a Irma Sehwerert Mileham.

Tuve el honor de conocerla personalmente durante una visita a Las Tunas, donde se hizo el milagro de estrenar las páginas del libro Vida de Antonio Maceo, editado por la editorial Sanlope y tejido con el verbo y la pluma de Antonio Guerrero Rodríguez, el poeta de los CINCO, desde la misma celda en que está recluido en tierra americana. Allí no estaba solamente la obra de Tony. Estaba René, Gerardo, Fernando y Ramón.

Irma tampoco está sola. Mirtha, la madre de Antonio, le acompaña. Y uno siente, al encuentro, que nada es imposible para una madre, cuando decide apostar por la verdad y dejar que la virtud del hombre abra su propio camino, se haga luz y diga por sí misma.

TALANDO LA MIRADA

No hay mucho tiempo para vivir. Nunca se sabe. Quizás, por eso, Irma busque algún sillón para atraer las memorias y guste de estar quieta, en silencio, por varias horas. René es pequeñito. Estrena sus pasos en Cuba, descubre los barrios de La Habana. Se asombra del vuelo de una mariposa y se apega a su Patria y sus costumbres. Son los primeros años de la repatriación. Irma los califica de terrible. Pasó mucho trabajo y estos accidentes del destino tienen bastante que ver con los años del futuro, ahora en presente.

Me confiesa que todo esto templó el carácter de la familia. René siempre fue serio, decidido, pero muy cariñoso y apegado a la familia. Ella fue madre y padre, cobija y regaño. Autoridad y mimo. El vacío enorme de ahora se acrecienta los domingos, pues era un hábito inviolable las reuniones en la casa materna.

Me parece verlo llegar, darme el abrazo prolongado, contarme sus cosas, proyectar sus sueños, me dice Irma y un brillo delatador le hace quitarse los espejuelos. No puedo sustraerme a esta emoción, revivirla. Es muy duro, pero no solo para mí. Sus hijas apenas le conocen. No dejaron que las disfrutara, que las pudiera ver crecer, llevar a la escuela, jugar, agrega, y la voz se hace trémula en la comisura de sus labios.

Ibet, continúa, tenía cuatro meses cuando lo cogieron preso. Ya tiene dos años y medio y no lo ha visto. Olguita hace más de tres que no recibe un beso de René. Nadie puede valorar cuánto se siente todo esto, y saber que el único delito que cometió fue el de salvar a su pueblo del terrorismo, al igual que sus hermanos de lucha.

UN LLAMADO AL MUNDO

Irma tiene, en medio de su inmensa angustia maternal, un tesoro exclusivo que le ánima a amar la vida y disipar sus negros atisbos. "Compartir mis penas con este pueblo excepcional que tenemos es la experiencia más estimulante. Esa unidad, que se manifestó cuando el caso del niño Elián, la siento vívida y fortalecida más que nunca. No es mi batalla como madre, no es el problema de mi familia ni la de sus compañeros, es un sentimiento de solidaridad de Cuba, de toda su gente, y creo que eso es lo que nos mantiene", asegura optimista.

"No puedo darme el lujo de llorar –agrega- Es mi orgullo de madre y mujer revolucionaria por encima del dolor. Esos 17 días que tuvieron a René en el hueco, a pesar de la angustia, y la injusticia cometida con Adriana y Olguita de no dejarlos ver, nos fortalece, porque ellos están firmes y decididos a abrazar su causa, aunque en Estados Unidos hacen lo que le da la gana, violan sus derechos, violan su propia Constitución, engañan a los americanos, los desinforman, manipulan los hechos.

"Yo pienso que hay más personas buenas que malas y esa es la clave de que cada vez sean más los países que se suman a nuestro reclamo de justicia y se incrementen los comités de solidaridad por los CINCO. Es una batalla dura y larga y se gana allí adentro. Creo que hay que tocar corazones, Estados Unidos es muy grande y se oculta la verdad. El evento celebrado en Venezuela fue muy bueno y es otra victoria.

"Sin embargo, no basta. Un año más de separación es desgarrante y quiero hacer un llamado a las personas de buena voluntad a que investiguen y vean la gran injusticia del gobierno norteamericano contra René y sus compañeros. Quiero agradecer tantas muestras de amor y consuelo, de apoyo moral y espiritual dentro y fuera del país y hacer, de manera especial, un reconocimiento al pueblo de Las Tunas por el fervor con que abrazan nuestra lucha. Les deseo muchos éxitos en el 2005 y darles un abrazo muy grande a nombre de los CINCO, sé que esa es su voluntad":

Y con esa ternura contenida que se hace girón, sacrificio y convicción en las cárceles del imperio, Irma se enjuga las lágrimas que no brotan de sus ojos porque están echas perlas en la concha del alma, allí donde madre es fe porque su René volverá y los CINCO pasarán a la historia como héroes que son, pero no en tiempo pasado ni futuro, sino en la luz del infinito que envuelve a los seres que perduran por su ejemplo y arrastran multitudes, amén de las escaramuzas y las falacias humanas.